Cortocircuito

A veces el celular cae por accidente en el agua y hace cortocircuito. A veces una sobrecarga eléctrica quema la computadora, luego no prende. Los aparatos electrónicos dejan de funcionar, caducan, dejan de ser útiles. Aquello que parecía una magia se convierte en una cosa, cables soldados, tarjetas, chips, un circuito roto. En ese final se revela algo de lo que creemos que es nuestra relación con la tecnología, sentimos que sin su uso óptimo dejan de valer, y también sentimos la angustia frente a la impotencia de arreglarlos. Pero otras veces la tecnología es otra cosa. A veces llega alguien como Tatiana Avendaño con un proyecto que, a través del arte, nos revela algo distinto de cómo nos relacionamos y cómo podríamos relacionarnos con la tecnología. Ese celular dañado, o esa computadora rotas se vuelven posibilidades, y la idea de avance tecnológico y eficiencia van fracturándose poco a poco.

El proyecto La tecnología somos nosotrxs, que incluye una exposición y talleres en Cuenca y Quito, plantea preguntas sobre cómo nos relacionamos con la tecnología, sobre la historia de la tecnología, y además propone otras maneras posibles de relacionarnos con ella. Este proyecto llama justamente a hacer un cortocircuito, a aumentar la intensidad con la que pensamos sobre cómo nos construimos y relacionamos a partir de la tecnología. Y con esa energía desbordante, a romper esa cadena de consumo tecnológico, a imaginar máquinas inútiles, pensar cómo se relacionan los cables y maíces, y a preguntarnos por qué nos asustan los códigos y las soldaduras. Al final de algún taller, o luego de ver la exposición, un celular dañado o anticuado ya no representa esa ansiedad de lo que se pierde, sino una oportunidad para reaccionar con creatividad a esos aparatos.

Ahora Tatiana me cuenta más del proyecto y de todos los cortocircuitos que logra provocar.

Desde los afectos

La tecnología somos nosotrxs es un esfuerzo por replantear estas relaciones con la tecnología. Este proceso es el resultado de una intención compartida: crear este espacio de reflexión desde lo local. La curaduría justamente crea este espacio que además logra despertar la curiosidad por temas que usualmente no se los reconoce cercanos a la tecnología.

Carolina: ¿Por qué te pareció importante armar este proyecto?

Tatiana: Cuando llegué en Octubre a la Casa de la Cultura, había una intención de repensar el proyecto de la Sala Proceso, y en ese repensar también un interés de la nueva administración de la CCE de animar el crecimiento de las industrias creativas y los emprendimientos culturales. Dentro de todo ese discurso la tecnología era un punto importante, y para mi que había pensado tantos años en la relación entre arte y tecnología, fue fantástico. Empezamos a trabajar con los del ex MediaLab de la Universidad de Cuenca, que es un grupo de ex profesores que en algún momento estuvieron a cargo del MediaLab de la universidad, y empezamos a pensar en una exposición para este espacio. Y era muy importante no caer en este engaño de pensar que la relación arte y tecnología tiene que ser tecnología de punta, sino pensarla de otro modo y desde otro tipo de relaciones, pensarlo desde lo local para crear un espacio que nos permitiera reflexionar sobre la relación que tenemos con la tecnología. No han habido muchas exposiciones de arte y tecnología en Cuenca, ha estado el MediaLab. Esta fue una gran oportunidad porque pudimos pensar en cuáles son las bases para pensar en este tema desde aquí, desde Cuenca.

Trabajar con el MediaLab era muy importante porque es el gran referente de esa relación entre arte y tecnología en Cuenca, y empezamos a trabajar con estos chicos. Fue un poco difícil por su falta de tiempo, entonces decidimos invitar a Pedro Soler por su experiencia y trayectoria. Invitarlo como curador fue como la puntada que hacía falta. Por la misma trayectoria de Pedro era un tema que facilmente podia trabajar y plantear una cosa fantástica. Logró crear un espacio de reflexión, un espacio que nos permitia que la gente se ponga en otro lugar y que se pregunte muchas cosas respecto a su relación con la tecnología y que tenga un acercamiento al arte, que aparentemente es muy monumental, pero cuando la gente va acercándose a la obras es muy sentido. Se construye un campo de afectos que nos permite aproximarnos a un campo de reflexión respecto a la relación con la tecnología que está mediado por los afectos. Yo creo que la exposición lo logra super bien y estoy segura de que los talleres lo logran bien también. La potencia del arte es esa, cómo logra establecer un cambio de pensamiento crítico a partir de los afectos y cómo nos afecta lo que vemos, lo que sentimos, lo que un artista nos muestra.

Como carro viejo: de taller en taller

La tecnología somos nosotrxs creó diversas maneras y espacios para re pensar la relación que tenemos con la tecnología. Los talleres que acompañan la exposición tienen un trabajo particular de crear comunidades, y de romper los espacios convencionales en los que usualmente se comparten saberes tecnológicos. Los talleres llegan con juegos, con prácticas del error, y oportunidades para entrar a un mundo que ha querido mostrarse hermético.

Carolina: ¿Cómo ayudan los talleres a acercar la tecnología a las personas? ¿O tal vez a que no sientan que la tecnología es sólo para “los que saben”?

Tatiana: Después del Labsur lab, la articulación con las personas duró mucho tiempo. Iban como carro viejo, de taller en taller. Era como una inercia pero ir a estos talleres también les permitió crear comunidad y tener un diagnóstico de qué hace falta y cómo se puede desde las instituciones aportar para el desarrollo y crecimiento de otro tipo de prácticas y relaciones con la tecnología.

Y estas intenciones de hacer talleres viene de de antes. Cuando empezamos Bogotrax, y decidimos hacer talleres allí. Estos talleres eran la oportunidad de poner a circular conocimientos y saberes que no pasan por la academia, y que en muchos casos son conocimientos que se van acumulando de manera autodidacta y que no están normadas o formalizadas. Además estos talleres también eran una reacción ante una sistema que quiere apropiarse de estos saberes para encapsularlos y normalizarlos, son saberes que pasan por la academia. Entonces, los talleres permiten salir de esos circuitos, y tener otras posibilidades de relacionarse con las tecnologías.

Ni dios ni herramienta

Esa tecnología que imaginamos usualmente es un misterio. Los celulares son cada vez más pequeños, y más inaccesibles. Y al mismo tiempo esperamos que sean más útiles, que nos hagan la vida más fácil y sean más eficientes. Así, el consumo es cada vez más ansioso y requiere más esfuerzos. Dejamos de fascinarnos por otras relaciones, por otros instrumentos, por otras tecnologías que son aún maravillosas. Este proyecto nos devuelve justamente eso, poder maravillarnos otra vez, encantarnos por máquinas, o por objetos, o por materiales

Carolina: ¿Cómo el uso de la tecnología en la exposición y los talleres se diferencia de una tecnología imaginada para el desarrollo o el progreso?

Tatiana: La idea de tecnología se ha sostenido en un discurso de progreso y desarrollo asentado sobre la evolución tecnológica. Las primeras tecnologías dejan atrás a las últimas, y hay que constantemente actualizarse y dejar atrás lo anterior. La exposición y los talleres nos invitan a poner un valor a las tecnologías sin importar si son de ahora o de antes, si son high o son low, y construir una relación distinta con las tecnologías. El hecho de que el ser humano se piense como homo faber significa que constantemente estamos en relación con objetos, con dispositivos, con interfaces que nos permiten hacer las cosas de otra manera. No siempre son para facilitarnos la vida, a veces es para hacerla más difícil, o para cubrir otras posibilidades.
En los talleres programados en La tecnología somos nosotrxs justamente nos acercamos a estas otras posibilidades. Por ejemplo, en el taller de Livecoding, tenemos la posibilidad de acercarnos al código y descubrir que eso no es tan raro ni tan difícil, y de descubrir que es hecho por seres humanos, por hackers. Nosotrxs también podemos hacer el código. Simplemente se trata de acercarse y conocerlo, y tener la gana de experimentar, la disposición de aprender. A través del livecoding, de la música en este caso, entramos a este mundo del código. Y nos damos cuenta que modificar el software no requiere una gran inteligencia, pero sí requiere dedicación como cualquier tipo de práctica. Hay la posibilidad de hacerlo de manera escalonada.
Con el Telefante, pasa algo similar, nos permite acercarnos a la imagen de una manera muy rudimentaria. Con una cajita de luz, una caja oscura. Y a partir de eso tan sencillo, que es una caja oscura con imágenes e iluminada al fondo, empezamos a pensar en la imagen y a construir otras relaciones. En el taller de electropatafísica vamos a pasar de eso tan básico que es los inicios de la producción de imágenes, de la imágen fija a la imagen en movimiento, de la experimentación con aparatos para poder retener imágenes. Para llegar a cosas que son aparentemente high tech, o más sofisticadas, como el uso de interfaces para la manipulación de imágenes como el processing. Y en este proceso se produce un diálogo muy interesante entre las tecnologías que nos permite pensar que una tecnología no supera a la otra.

Gran parte de la intención de este proyecto es dejar de pensar la tecnología como un dios, y también dejar de pensarla únicamente como herramienta. Actualmente la vemos como un dios, como esta caja oscura de los teléfonos, de los ipads, de los mismos computadores. Son como una caja negra y no sabemos cómo funciona. Pareciera que funcionara por pura magia. Estamos alejados del funcionamiento de estos aparatos, y por tanto sometidos en el mundo que habitamos a través de ellos, que es el internet. Entonces hemos perdido nuestra libertad en la red a cambio de la gratuidad. Porque no sabemos cómo funciona internet, no sabemos cómo funcionan estos aparatos. El hecho de poder conocer de qué están compuestos y cómo funciona la tecnología nos da más posibilidades a ser libres con su uso. La tecnología debe volver a ocupar su lugar, no podemos estar sometidos. Saber de qué están compuestos estos aparatos nos permite establecer una relación distinta con ellos y pensar cómo la queremos usar y hasta donde queremos usarla. Y hasta donde queremos que sea parte de nuestra vida íntima, de nuestra vida privada. Y eso significa saber de qué están hechas estas tecnologías y poner valor en el carácter orgánico de la tecnología.

La tecnología no es mera herramienta. La herramienta en sí misma tiene vida, tiene organicidad, está compuesta por vida orgánica, no es vida inerte. Ya sabemos que las piedras y los cristales no son inertes sino que también son vida, y hay energía ahí que le imprime a cada máquina su propio carácter. Y tienen sus caprichos. Por eso es que hacer arte electrónico es tan complejo, porque es lidiar con vida orgánica, es enfrentarse a una materia que tiene sus propias características y que no siempre reacciona como lo esperamos. La intención de la exposición es comunicarnos con otro modo de relación con la tecnología. Entonces el hecho de pensar de manera crítica nos permite construir más maneras de libertad en relación con la tecnología y descubrir otras posibilidades de relación que no están mediadas por lo que nos venden en el sistema.

Esta idea de tecnología que, dentro de la idea de progreso y desarrollo, implica que una tecnología elimine a la otra, compramos un nuevo artefacto y desechamos el viejo de manera que terminamos sumidos en una cadena de consumo interminable. Entonces, lo que está en cuestión es eso: hasta qué punto consumir objetos y querer siempre estar a la moda y con la última tecnología nos hace más o menos libres, más o menos dependientes. Finalmente esa cadena de consumo está alimentando ese sistema capitalista que se está comiendo el mundo. Porque para producir todas estas tecnologías se están comiendo la tierra. Es por eso importante entender lo que implica para el planeta que tengamos estos aparatitos tan sofisticados, y que mientras la tierra se demora miles de millones de años para que un cuarzo llegue a ser un cuarzo, un teléfono tiene una vida útil de cuatro años. Es bastante infame, es un sistema bastante infame considerando todo lo que le ha significado a la tierra producir esta materia prima y lo poco que lo llegamos a usar y todos los problemas ambientales que se generan después de desechar un aparato electrónico.

Y hay una cosa curiosa que pasa en una ciudad como Cuenca, es muy difícil conseguir tecnologías antiguas, es muy difícil conseguir una webcam de las primeritas que no necesitaban drivers. Porque hay un deseo de estar a la moda. No es una ciudad que está congelada en el pasado, sino que hay un deseo de consumo de lo último. Pero en todo caso no llega a ser lo último en tecnología porque igual es una ciudad pequeña de un país periférico. Existe esa contradicción de que hay muchas cosas retro, es muy difícil conseguir tecnología vieja como un proyector de acetatos. Todo ese tipo de cosas ya fue desechado, sacado de la vida cotidiana. En los almacenes no se consigue tecnologia viaje, celulares viejos. Hay una necesidad de consumo por reafirmar un status.

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