I’m moving up to Mendo
I’m moving up to Mendo
I’ll panhandle til I can buy a pencil
So I can write my memoirs but I won’t have to rush
It won’t take long cause I don’t remember much

Tribe 8, Mendo Hoo-ha

El agua se filtra por una rotura en el techo y caen gotas sobre el baño de abajo. El edificio se fractura en tiempos distintos para cada uno de sus pisos, los relojes no se sincronizan ni marcan el mismo compás para el ritmo cotidiano. Arriba, el tiempo distendido sigue el detenimiento del consumo de heroína, después de cada inyección o de cada calada los movimientos se vuelven pausados y transcurren las noches sin preocupación por el futuro. Abajo, el horario marca los momentos puntuales del desayuno, el trabajo, el regreso, la cena y el descanso. Pero con el agua que se riega, el departamento de arriba contagia su relación con el tiempo y confronta con la posibilidad de otra lógica a lxs habitantes del otro piso.

La película High Art de Lisa Cholodenko narra el encuentro entre Lucy Berliner, un personaje basado en la fotógrafa Nan Goldin, y Syd, que trabaja en una revista de fotografía. Lucy y Syd son vecinas, Lucy vive en el departamento de arriba con su pareja Greta, y Syd con su novio en el departamento de abajo. Syd y Lucy, en su encuentro descubren juntas sus compases, formas de ver la fotografía y el amor. En la película, las fotografías inspiradas en Nan Goldin, la heroína y los propios ritmos de la película construyen una temporalidad alternativa, compartida en el amor entre mujeres, que bien podría ser la temporalidad queer de la que habla Jack Halberstam.

Nan Goldin: Smoky car, New Hamshire

Nan Goldin, Smokey car, New Hampshire. 1979

Los relojes, calendarios, horarios y alarmas dan el tiempo de llegada al trabajo, ocupan el futuro con una reunión, apuran el ritmo en la calle, y dan los días para tomar vacaciones. Mientras tanto, nos tiembla la pierna a la espera, el corazón se acelera cuando las manecillas parecen ir más rápido, y despertamos sacudidxs en la mañana a la angustiante interrupción de los sueños por esos tonos del celular; el tiempo de la producción y sus normas se manifiestan en el cuerpo. Nuestra corporalidad vive en la angustia de la tardanza y de los horarios laborales. Jack Halberstam propone que hay modos de habitar que escapan esta relación con el tiempo: “El tiempo queer es un término para esos modelos específicos de temporalidad que emergen en la posmodernidad cuando unx deja los marcos temporales de la reproducción y la familia burguesa, la longevidad, riesgo/seguridad y de la herencia” (2005, p.14). La temporalidad queer no espera a ser mayor para tener hijos, ni se enmarca en las 8 horas diarias de trabajo, es una temporalidad que lleva la sombra de la muerte y una adolescencia prolongada. Aunque esta forma de vivir no es de todas las personas LGBTI, ni exclusiva de ellas, es provocada por las rupturas de vidas que cuestionan la naturalización de la heterosexualidad y sus tiempos. En High Art, la vida de Lucy Berliner sigue el el compás de la amistad, la heroína, el de las fotografías tipo snapshot, y la intimidad con su pareja Greta. En esta lógica no hay preocupaciones por el dinero (más allá del necesario para consumir en el momento), por los efectos de las drogas en el cuerpo, ni por construir una familia formal. Las noches se alargan en la conversación y el consumo, y el día se puede aprovechar para cuando el cuerpo pide sueño.

Después de una noche de excesos, Lucy y Greta salen a almorzar en un restaurante. Al poco tiempo uno de los meseros se acerca y les recuerda que es una política del lugar que la gente no puede dormir. Greta apenas puede mantener los ojos abiertos, su tiempo de dormir llega sin medir consecuencias provocadas por el agotamiento. El tiempo de Lucy y Greta, en el que se dejan vencer por el sueño al momento de su llegada, irrumpe en la cotidianeidad de las personas que almuerzan al medio día y se convierte en una amenaza a la normalidad. En este escena queda muy claro cómo los espacios sociales mantienen una lógica rítmica de vida, y que hay formas de vida que pueden desequilibrar esos órdenes. Por supuesto la respuesta es el control por parte de las reglas, para regresar al espacio a su tiempo de siempre. Sin embargo, la fisura queda allí como una posibilidad de fracturar las lógicas naturalizadas expresadas en el cuerpo.

Greer and Robert on the bed, NYC 1982 Nan Goldin born 1953 Purchased 1997 http://www.tate.org.uk/

Nan Goldin. Greer and Robert on the bed. 1982

High Art además toma captura esta otra temporalidad en las fotografías que simulan a las de Nan Goldin, y que en la historia son realizadas por Lucy Berliner. Nan Goldin toma fotos a su familia, amigos y amigas en momentos cotidianos e íntimos, pero es otra cotidianidad a la que acostumbramos. Son cotidianidades de un erotismo diverso, del consumo de drogas y la cercanía a la muerte, cotidianidades underground. Sus fotos dan la sensación de ser espontáneas e imprevistas, al estilo del snapshot. Las fotografías congelan a las personas a mitad de la acción y se siente la cercanía entre la cámara y las personas. Esta estética documenta la fragilidad del tiempo. Hay una doble amenaza en la vida de estas personas, por un lado una amenaza de muerte por la propagación del SIDA, especialmente por el momento en que la fotógrafa realizaba los retratos, y por las condiciones sociales para personas LGBTI, y por otro lado una amenaza de olvido. La invisibilización de estos modos de vida implicaba que esté en peligro el archivo de sus historias. Georges Didi-Huberman escribe: “Sabemos que cada memoria está siempre amenazada por el olvido, cada tesoro amenazado por el pillaje, cada tumba amenazada por la profanación (…) Pero, a menudo, las lagunas son el resultado de censuras deliberadas o inconscientes, de destrucciones, de agresiones, de autos de fe. El archivo suele ser gris, no sólo por el tiempo que pasa, sino por las cenizas de todo aquello que lo rodeaba y que ha ardido” (2013). Las historias de las personas LGBT, o que viven en esta otra temporalidad están mucho más susceptibles a que sus vidas no estén archivadas, y que por lo tanto no formen parte de las narrativas oficiales históricas.

Las fotografías capturan un tiempo alternativo, un tiempo de intimidad y fiesta, el tiempo de la noche, las drogas, la muerte, y sus fragilidades. El archivo que construye Nan Goldin durante años de fotografiar, no fijan a estas vidas y sus historias, sino que las deja en su desequilibrio y su instante. La fotógrafa explica “en mi familia de amigos, hay un deseo de intimidad respecto a la familia biológica, pero también un deseo de algo más abierto. Los roles no están tan definidos. Hay relaciones duraderas. La gente se va, vuelve, pero estas separaciones se hacen sin la ruptura de la intimidad. Estamos unidxs no por la sangre ni el lugar, sino por una moral similar, por la necesidad de vivir plenamente y en el momento. Por una incredulidad en el futuro, por un respeto similar por la honestidad, por una necesidad de empujar los límites y por una historia común. Vivimos la vida sin consideración, pero siendo considerados.” (p.6, 1986). Estas otras maneras de relacionarse que la fotógrafa captura, implica también una corporalidad que entiende el tiempo bajo otras lógicas. Las relaciones en el tiempo no son atravesadas por esa necesidad de permanencia del matrimonio o la familia, sino por un deseo compartido de vivir en el momento. Las fotografías capturan una temporalidad escurridiza, de unos ritmos que no se dejan fijar, y que en su delicadeza encuentran la potencia de poder vivir distinto.

Misty and Jimmy Paulette in a taxi, NYC 1991 Nan Goldin born 1953 Purchased 1997

Nan Goldin. Misty and Jimmy Paulette in a taxi. 1991

Las fotografías de Nan Goldin llevaban la sombra de la pérdida, y en la película High Art esta sombra aparece con el consumo de heroína. Cuando la muerte está cerca, o cuando no se sabe cuándo va a llegar, la vida corre a otro tiempo. Jack Halberstam dice: “Encontramos menos obras de la otra parte de la ecuación de Cunningham: esas vidas que se viven en la sombra de la epidemia, las vidas de mujeres, personas transgénero y personas queer que de maneras menos obvias forman parte de este cambio temporal”. Lucy Berliner y sus amigxs se acercan y se alejan del borde cada noche. Parecen estar a punto de escaparse, como las personas en las fotografías de Nan Goldin. En la película llega un momento en que Greta, la pareja de Lucy, deja de respirar momentáneamente después de haber consumido una gran dosis de heroína. Cuando vuelve a sentirse bien, esa cercanía a la muerte no es sentida como un momento de cambio o de especial drama. Este momento da constancia de una vida que se acerca a la muerte sin temor, y en la que el tiempo del fin es un ir y venir constante. La forma en que la película está grabada acentúa esta sensación. Otras películas de drogas como Trainspotting o Fear and Loathing in Las Vegas utilizan efectos en la cámara, o perspectivas extrañas para resaltar el estado de los personajes. Sin embargo, en High Art se observan los efectos de la heroína con calma y con la misma distancia con la que se graba los otros momentos. Así, las drogas no son un estado excepcional, ni son el único momento en que se configura otro tiempo, sino que forman parte de otra temporalidad que está en todos los momentos de la vida.

Cuando el agua gotea por un orificio del departamento de Lucy al departamento de Syd, no solo se filtra la humedad, sino que irrumpe una temporalidad dentro de otra. Con las gotas de agua llega el ritmo de los momentos estirados, la relación con la pérdida, y la despreocupación de los momentos de productividad. Después de que Syd y Lucy se encuentren, Syd empieza a tener tiempo para las drogas e incluso para viajar con Lucy aunque tenga la presión de su trabajo. A Syd deja de importarle tanto lo que dice su novio y pierde el miedo al riesgo. La temporalidad queer se muestra como una oportunidad para que el cuerpo se libere de los sistemas de producción de familia y viva con más intensidad los momentos de intimidad y de placer. La película y las fotografías de Nan Goldin construyen un archivo de nuevas formas de vivir capaces de irrumpir la lógica del tiempo naturalizada. La canción de Tribe 8, una banda punk lésbica, citada en el epígrafe hace alusión a estas posibilidades de crear obras sobre las nuevas temporalidades. I’ll panhandle til I can buy a pencil. Mendigar para comprar un lápiz. So I can write my memoirs but I won’t have to rush It won’t take long cause I don’t remember much. Escribir las memorias pero sin apresurarse, porque no es mucho lo que se recuerda. El acto de la escritura sale a las periferias en las que la permanencia, lo completo y la productividad de los archivos no es importante. High Art, las fotografías de Nan Goldin y le música de Tribe 8 dan cuenta de una temporalidad capaz de fisurar y filtrarse en la temporalidad reproductiva y angustiante del atraso, el despertador y las fechas límite.

Nan Goldin: French Chris at the drive in

Nan Goldin. French Chris at the drive in. 1979

Referencias

Didi-Huberman, G., Chéroux, C., & Arnaldo, J. (2013). Cuando las imágenes tocan lo real. Círculo de Bellas Artes.
Goldin, N. (1986). The ballad of the sexual dependency. Nueva York: Aperture Foundation
Halberstam, J. (2005). In a queer time and place: Transgender bodies, subcultural lives. NYU Press.

Licencia de Creative Commons

Mapa del sitio - Estamos en Facebook // Instagram // Vimeo //                      © Rengelismo