Traducido por Juan Felipe Paredes parte del equipo de Recodo. La traducción se realizó entre Buenos Aires y Montevideo a finales del mes de septiembre. Los intercambios que se dieron durante este ejercicio devinieron en conversaciones amistosas sobre la memoria de un país que no es de nuestro origen, el sentirse extranjero y las extrañas similitudes entre los sentires que se evidencian en Teatro de guerra y los nuestros durante el posterior Paro Nacional en Ecuador. Esta reseña fue publicada originalmente en inglés el 18 de marzo de 2018 por la revista Another Gaze.

Malvinas, una representación inconclusa es un ensayo escrito por Lara Segade para la revista argentina de cine Kilómetro 111. El ensayo empieza explorando las maneras en las que las narrativas ―tanto ficticias como testimoniales, escritas y visuales― se han referido a las Islas Malvinas mucho antes de que estalle la guerra entre Argentina y el Reino Unido en 1982. Segade descubre, en estudios sobre las maneras en las que las islas se han percibido a través del tiempo, una naturaleza dual: ambas son tanto territorio argentino, como una imagen extranjera y oculta por su distancia geográfica. La primera vez que esta distancia se vuelve tangible, escribe, es en las correspondencias que mantuvieron ciertos participantes en relación a las islas, buscando describir la relación irresoluta que mantienen hasta el día de hoy con sus ‘’propietarios legítimos’’. Esta distancia es tanto geográfica como emocional. Segade hace referencia a una carta en particular escrita por Augusto Laserre, el (en ese entonces) jefe de la Armada Nacional. La carta describe la escalofriante soledad de las islas, donde ‘’un silencio nunca interrumpido’’ reina, reiterando las palabras de Charles Darwin en El viaje del Beagle: “Una tierra ondulada, de aspecto desolado y triste” (Segade, 80). 

La guerra comenzó más de cien años después de que Laserre escribiera esta carta, dejando la soberanía de la isla inconclusa y alrededor de mil muertos. Algunos de los sobrevivientes y veteranos de la guerra, ahora en sus cincuentas y sesentas, son actores, paisajistas, jardineros, pintores y oficiales de policía. Estos son los protagonistas de Teatro de guerra, el primer largometraje de la artista/directora argentina Lola Arias. La Berlinale, donde tuvo su estreno mundial y fue premiada con el Premio CICAE y el Premio del Jurado Ecuménico, la describe como un documental montado, en donde los veteranos argentinos e ingleses del conflicto de las Malvinas se enfrentan. El proceso de reunir a estos hombres para recordar, recrear y así resignificar su pasado teñido por la guerra remedia la soledad descrita por Laserre en su carta.

Tanto las palabras dichas por los hombres como las maneras en las que las dicen son ‘’desoladas y tristes’’ (como Charles Darwin escribe en sus memoria) porque emanan la experiencia de haber afrontado la muerte, haberla perpetrado y haber optado por no hacer nada al respecto. Uno de los veteranos británicos describe el momento en el que su banda invadió una trinchera argentina y robó su comida. ‘’Hasta el día de hoy no he tocado una lata de carne conservada, me recuerda que mataba gente’’, cuenta. Una bandera, un par de botas, una canción, un poema, una cobija, una imagen de nubes que se asemejan a la forma de las islas aparecen como fragmentos de memoria que luego dan paso a representaciones teatrales y musicales del campo de guerra. El movimiento entre estas instancias tiene una fluidez que emerge tanto desde la desfiguración de la memoria como del miedo a perderla. Cuando Marcelo, uno de los veteranos argentinos, describe las secuelas de la guerra en su vida, dice, ‘’Tenía miedo que la medicación borraría mis recuerdos’’.

Arias toma el testimonio de Lou, uno de los veteranos británicos, como la narrativa central de la película. El preciso momento en el que un argentino que hablaba inglés murió en sus brazos se vuelve difuso, desfigurado por el tiempo y el trauma. Como parte del maquillaje simbólico del filme, el agua juega un rol importante en aquella desfiguración, tanto de las islas como de la memoria. No es una coincidencia, entonces, que una piscina sea uno de los escenarios de la película. Lou repite esta anécdota en repetidas ocasiones, y cada vez es diferente. Al elegir esta anécdota como parte importante en la narrativa, Arias parece insinuar que los detalles de la historia no son el verdadero sujeto de interés: lo que finalmente perdura es el efecto que tiene en su narrador. Teatro de guerra solo contiene un extracto corto de material encontrado de las islas. Es así como se vuelve claro que el interés de Arias no reside en su paisaje simbólico, sino en el paisaje humano; que, sin embargo, es intrínsecamente político.

Los protagonistas de Teatro de guerra, Lou Armour, David Jackson, Rubén Otero, Sukrim Rai, Gabriel Sagastume y Marcelo Vallejo se presentan ante nosotrxs contra la misma pared blanca. Enumeran sus nombres, edades, roles en combate y profesión actual frente a una cámara. Arias graba sus rostros de manera frontal, con un deseo que parece buscar confrontación a través de la transparencia. Luego la cámara gira, abriéndose hacia un plano más amplio que revela el artificio del cine. Hay una tela blanca de estudio, la grabadora de sonido está presente y el micrófono a menudo aparece sobre el plano. Frente a este fondo, los hombres empiezan a recrear ciertos eventos de la guerra. Luego cantan sobre ellos. En otro escenario, eligen disfraces y caminan sin dirección ni propósito por una habitación blanca, formando, de vez en cuando, parejas de conversación. Los argentinos hablan en inglés y los británicos en español. La transposición de lenguas está pensada como un ejercicio de empatía simbólico. Luego, repiten el ciclo. Se pueden encontrar similitudes entre Jagal o The Act of Killing (2012) de Joshua Oppenheimer y Teatro de guerra, pero mientras la primera parece quedarse en el morbo y el remordimiento de las muertes perpetradas, la presente es una obra de confrontación lingüística, colonial, de género y generacional que empuja hacia la empatía de la colectividad. El trauma del pasado es expresado en las heridas del presente que, a través de esta expresión, encuentra una especie de santuario. 


Segade, L. (2015, Octubre). Malvinas una representación inconclusa. Kilómetro 111 ensayos sobre cine Nº13 Registros del acontecimiento político, 79-95.
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