Ilustración por Monse Navas para el programa de mano de la exposición La tecnología somos nosotrxs en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito.


El trabajo articulado entre el arte, la tecnología y procesos sociales en el Ecuador ha generado una serie de aprendizajes y experiencias propias que nutren el rol de las prácticas artísticas y culturales en el desarrollo tecnológico y de conocimientos en el país. Partamos por entender la tecnología en su forma ampliada: como una forma epistémica, como estructuras de pensamiento que nos ayudan a hacer sentido de la realidad (como el arte) y como un mecanismo de ensamble que potencia y relaciona los cuerpos individuales y sociales (también como el arte). La exposición La tecnología somos nosotrxs nos ofrece un espacio para visibilizar, analizar, compartir y aprovechar estos saberes.

Inmerso en un contexto de disputa en torno al conocimiento y la innovación, las relaciones que ha generado el sector artístico con sectores de hacedores, activistas y hackers ha dejado más huella en el país de lo que a primera vista podría parecer. El Ecuador, intentando ponerse al día en los cambios que demanda la Economía Cognitiva (1) a nivel global, se propuso cambiar su modelo económico basado en materias primas. Un eje central de este proceso fue reestructurar la educación superior con una significativa inversión en becas y nuevas universidades. Paralelamente se invirtió en generar y atraer empresas de tecnología al país. Con índices preocupantemente bajos de innovación y generación de conocimiento académico, el Ecuador apostó por un sistema de innovación denominado Triple hélice que se basa en la interrelación de tres ejes: la Universidad, el Estado y las empresas.

La empresa pública Yachay EP era el ambicioso proyecto piloto para la aplicación de este modelo. Después de su cierre y de la caída de las promesas de llegada de empresas, trasmisión tecnológica e incremento en los índices de innovación, queda preguntarse si este modelo era el más adecuado en nuestro contexto. Más allá de los errores de gestión, había una falla conceptual: el eslabón débil de la región es el eje empresarial. Las empresas ecuatorianas, inmersas en una economía de dependencia, están muy lejos de poder invertir en innovación propia; siempre les será más fácil importar. Por otra parte, las apetecidas transnacionales tecnológicas poco se iban a interesar por un contexto de nuevas políticas sociales y lineamientos de propiedad intelectual, sin tratados comerciales de por medio que les den ventajas. Es decir, habían diferencias irreconciliables entre un proyecto alineado al de Universidad Corporativa, y el de Economía Social del Conocimiento que se buscaba promover.

La falta de empresas privadas suficientemente fuertes para detonar una Universidad Corporativa es, de alguna forma, una ventaja para quienes creemos en procesos de incidencia cultural, tecnológica, comercial o política diferente. Hay que plantearse seriamente si “innovación” es el término que mejor da cuenta de los procesos de desarrollo tecnológico, científico, social y político en el país y en la academia.  A contracorriente podemos pensar en un desarrollo tecnológico y de conocimientos ligado a la generación de redes, migración de personas, becas, importación de cerebros, emprendimientos solidarios y organización creativa para disfrutar el trabajo. También podemos pensar en un desarrollo tecnológico no exclusivamente enfocado en salidas empresariales, sino también en bienestar social. Apuntar a un conocimiento más que “abierto”, solidario y justo; una economía de los saberes que encuentre un equilibrio entre el beneficio social colectivo y el reconocimiento a los investigadores, hacedores, instituciones e inversores que permiten la creación. Los aprendizajes del arte y la producción cultural tienen muchos recursos para promover conocimientos y saberes alternativos: el pensamiento crítico y creativo (estrechamente relacionados entre sí), la adaptación y re-propósito de tecnologías, las formas de creación colectiva, las redes y economías culturales, sus formas de tránsito y afectos, y el desarrollo de sentidos en sí mismo.

Enfoquémonos en los procesos de tránsito, migración y encuentros culturales: históricamente motores del desarrollo humano. Se suele relacionar los grandes avances tecnológicos a las guerras; pero mientras la innovación bélica está enfocada en la disputa hegemónica, la migración de personas y el comercio permiten otros tipos de desarrollo y procesos de apropiación (ya sea colonial o de resistencia), resignificación e interculturalidad. Fue la exploración y la migración comercial, su importación no solo de bienes, sino su apropiación y recontextualización de saberes, uno de los detonantes de la revolución industrial en Europa. Fueron las migraciones posguerras las que fortalecieron la academia, el comercio y la producción cultural y artística en Estados Unidos. Los ejemplos son muchos; nada enriquece y cambia nuestra forma de percibir y percibirnos tanto como enfrentarse a un otro.

En el país, aún es difícil medir formalmente el impacto de los becados retornados y de los profesores extranjeros en universidades y colegios. Pero sin duda han refrescado y ampliado el debate académico y los modelos pedagógicos, y así han abierto redes de colaboración con muchos países. Las universidades se vuelven el espacio de tensión de diversas visiones que tienen que ser formalmente abordadas; esa riqueza de experiencias nos lleva a nuevas conclusiones y posicionamientos, a producir conocimiento propio.

Un ejemplo de migración de saberes del cual he sido testigo es el que detonó el LabSurLab, encuentro de laboratorios mediales realizado por el Centro de Arte Contemporáneo de Quito en 2013. Varios actores tales como artistas, hackers y gestores culturales se fueron quedando en el país, y en conjunto con los actores locales, hemos sido parte de varios procesos de incidencia. Esto va desde políticas culturales, gestión pública, aportes a la actual norma de propiedad intelectual Código Ingenios, a promover procesos de educación virtual a nivel nacional, o intervenir en el diseño y manejo de medialabs y emprendimientos culturales. En el campo del arte, se enriqueció el diálogo local entre arte y tecnologías. La tecnología somos nosotrxs es sólo un ejemplo; ésta fue producida por Tatiana Avendaño, curada por Pedro Soler, con participación de Juan Carlos León y Central Dogma, todos ellos participantes del LabSurLab. Varios de ellos residieron en Quito y luego se desplazaron por distintas zonas del país haciendo gestión cultural y producción artística colaborativa. Se han organizado, además, otras exposiciones, una serie de encuentros, publicaciones, proyectos artísticos, abriendo así nuevos espacios, redes y tránsitos de personas que dan, truequean, experimentan o comercian sus saberes, incorporando a cada vez más actores locales y extranjeros cargados de experiencias. Se recolecta saberes y sentidos en el camino, se esparcen las semillas, al parecer esto provoca fuertes lazos afectivos que permiten echar raíces y generar una noción de pertenencia a una nueva tierra. Un conocimiento sembrado, no una receta prefabricada.

Por supuesto, esta migración de saberes se problematiza cuando vemos las condiciones claramente diferenciadas entre la migración de las clases creativas y la de las clases obreras. Los saberes populares no son tan valorados como lo son la innovación, las novedades académicas o los nuevos gadgets tecnológicos para el arte. Las incidencias de las migraciones y sus saberes son complejas y diversas, razón por la cual  no se puede generalizar. Pero hay que disputar el sentido general de la migración, que ha sido definida desde la derecha como negativa y desfavorable: que nos roba el trabajo, que trae disrupción, pérdida de valores y violencia. El discurso de la migración negativa apela a viejos y profundos miedos coloniales y racistas: asumir que la identidad se pierde con la “contaminación” del mestizaje. Sin embargo, el Ecuador, con su cúmulo de saberes mestizos y migrantes, tiene todas las condiciones para seguir promoviendo las redes y los flujos, las idas y las venidas, los espacios para la diferencia, y para un conocimiento que se alimenta de la mezcla y la remezcla.


(1) La Economía Cognitiva se denomina al actual desplazamiento en la economía mundial de la economía productiva y extractiva hacia una economía ligada al desarrollo de tecnología y conocimiento.

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