Nota editorial: Ordinaria, exposición presentada en Arte Actual FLACSO fue nuestra primera experiencia curatorial. El trabajo se realizó de manera coordinada con la artista quiteña Sofía Acosta (La Suerte) durante el mes de noviembre de 2018. En la realización surgieron discusiones sobre la creación de espacios seguros. Este proceso se convirtió en una oportunidad para revisar las conversaciones que giraron en torno a la búsqueda de métodos para garantizar la seguridad de lxs actorxs en el contexto artístico y académico. Esta contribución de Tite Macias ilustrado por Dominique Carrión nace a partir de estas indagaciones editoriales.

La primera vez que conté lo que pasó fue a una amiga que vivía en mi casa, me preguntó si podía escribir al respecto y le dije que sí. Cuando vi que usó la palabra ‘acoso’ ni siquiera yo estaba convencida de que alcanzaba a ser precisamente eso. Ha tomado un tiempo y una distancia de más un año del suceso para que yo misma me atreva a llamarlo así.

Pasó en mi primer trabajo después de graduada, estaba emocionada y toda sonrisa de pies a cabeza, lo que me parecía más bacán de todo era que en un elenco de puros hombres yo era la fuerza femenina que además le ponía el toque dramático a la ecuación. No creía en nadie. La obra permitía que saquemos un lado chabacano y vulgar, me encantaba esa libertad de insultar, de agredir, de decir palabrotas e intimidar, pues mi personaje era una ladrona que llegaba realmente a asaltar a la audiencia a los que por supuesto luego les devolvía todas sus pertenencias mientras recibíamos el aplauso. Así que entenderán que me dejaba llevar por una energía bastante agresiva al igual que el resto de mi elenco ya que nos estaba permitido hacerlo, esto me dificultaba establecer un límite claro entre la ‘broma entre panas’ y el acoso. Sobre todo porque era mi primer trabajo después de graduada y como la actriz profesional que al fin podía ser me negaba a manchar mi primera experiencia ya en la cancha con esa palabrota.

Aún mientras escribo me cuesta nombrarlo pero he llegado a decir recientemente, frente a la incertidumbre de si ‘es acoso o no’, que lo que importa es el testimonio de una persona que en su momento se sintió acosada, o abusada, y no tiene sentido negar mi propio pensar y sentir así que ahí les va: la historia de mi acoso en un espacio seguro.

Pajas escénicas

Dominique Carrión

2018

Estábamos en las últimas semanas de la primera temporada de una obra muy cercana a mi corazón, el director es mi amigo querido al que además de cariño le tengo muchísima admiración. Los hombres del elenco también se habían llegado a convertir verdaderamente en mis panas, después de todo hacíamos 4 funciones por noche, 4 noches a la semana, así que pasamos mucho tiempo juntos riéndonos, molestándonos, y yo definitivamente me sentía como ‘un chico más’. Éramos 4 actores en escena, 2 principales (hombres) y los secundarios éramos mi novio ficticio y yo. Compartimos temporada con otras 5 obras, pero pasábamos más tiempo con los de la sala contigua que era un elenco conformado por 3 actores y su director (todos hombres también) con los que antes y después de cada función nos juntábamos a conversar y reírnos cuando no salíamos a tomar una cerveza o saludar a la gente afuera.

Estábamos en esas, todos como siempre con nuestros celulares en la cara, a los que de vez en cuando dejábamos de mirar para seguir en nuestras bromas, hasta que una frase me cayó como un ladrillo en la cabeza: ‘¿han visto las fotos de Tite en Instagram?’ El tiempo se congeló por un momento porque me sentí diminuta, después de todo sabía lo que se venía: todos estos hombres van a ver mis tetas en sus pantallas en 3, 2… se vino con todo, las frases ‘halagadoras’ me dejaron congelada… y claro, una manada de hombres mirándote y comentándote las tetas puede tener ese efecto vine a descubrir, además no pensé que estaba en un lugar donde mi cuerpo me haría sentir así y cabe recalcar que no fue esta la primera vez que mi cuerpo me hizo sentir así, definitivamente no fue este mi primer acoso. Como mujer que soy, como todas las mujeres que conozco, he vivido muchísimo acoso. Cuando un hombre se masturbó atrás mío la primera vez que me subí a una Metrovía por ejemplo, o las innumerables porquerías que me han dicho caminando por la calle, las veces que bailando me han agarrado de una forma a la que yo no accedí nunca, las veces que un hombre me ha mostrado el pene sin que se lo pida ya sea en vivo o por fotos, así que por ahí no va la cosa; era el hecho de estar en un espacio seguro y aún así ver a esta manada írseme encima… no podía creerlo casi, me congelé del … pánico? De la vergüenza? Un poco de las dos? Hervía en preguntas, en coraje, en vergüenza y en miedo.

No alcancé a decir nada, solo quería que dejen de mirarme. Vi que el actor que hacía de mi novio se paró a defenderme, pensé que en ese momento se acabaría todo, que los iba a mandar a la mierda y todos iban a seguir en lo suyo, así que imaginen mi horror cuando entendí lo que estaba diciendo, no me estaba defendiendo, no… Estaba haciéndose una paja imaginaria mientras decía que esas fotos estaban perfectas para ‘ahorcar el ganso y matarlo a manotazos’. Se echó para atrás en todo lo largo y flaco que es en una curva amorfa mientras viró sus ojos hasta dejarlos sin sus pupilas y de su boca salió algo así como un gemido en su intento por fingir un orgasmo en donde el blanco de semen imaginario era nada menos que esa foto que me tomé porque me sentía linda, me sentía sexy, me sentía dueña de mi cuerpo.

No supe qué decir ni qué hacer, todos se sintieron notoriamente incómodos así que uno por uno se fueron parando y saliendo de la sala hasta dejarme sola con mi elenco. Yo sentía que iba a llorar pero en mi cara había una sonrisa de terror congelada y no entendía por qué mi cabeza me repetía ‘es una broma entre panas’ si mi sangre me gritaba que estaba siendo acosada, que grite o que llore, que puteé o que haga algo… o no ‘Mejor que no lloré porque era una broma entre panas y después de todo es mi culpa’ porque, como me dijo un policía una vez que denuncié a un hombre que que estaba tomando fotos de mi culo en shorts en la calle en un desfile del Orgullo, ‘usted se expone a eso vistiéndose así’. Me dije los misma te expusiste así en tu Instagram, aguanta como macha … qué concepto más arcaico, inservible y pendejo.

Pero así estaba yo, cubierta en semen imaginario con toda la vergüenza del mundo por algo que alguna vez me hizo sentir hermosa. Y se hizo bastante evidente para mí la diferencia entre ‘la broma entre panas’ y el acoso. En escena hay una convención, un guión que determina y permite que estos juegos se den en un espacio seguro, frente a espectadores, y entre los personajes, esto en contraste fue tras bastidores, sin convenciones y sin testigos. Cuando me sacudí al fin, alcancé a putear a los actores que se quedaron conmigo por caerme así, por ponerme en la mirilla de esa forma, y uno entendió todo y se disculpó. El otro, por supuesto porque no puede faltar, quiso explicarme por qué estaba enojada: ‘es el comportamiento de manada’… y yo como pendeja lo acepté y ando repitiendo eso en vez de decir que estaba enojada porque lo que me hicieron se llama acoso. Y hay que decirlo bien clarito para no formar parte del gran número de mujeres que entran a un lugar de trabajo todas sonrisas y salen cubiertas en semen imaginario de algún machito pajero para no volver más, para no formar parte del número de oportunidades laborales que se pierden en esas pajas imaginarias.

Al final de mi puteada el actor que hacía de mi novio solo dijo: ‘no podemos ser tan sensibles con estos temas’

 

Mira más del trabajo de Dominique en Behance o en Instagram: @dominiquecarrion

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