Lucy está en búsqueda de su hijo y de esposo, los llama y va por Mozambique con su nombre en la boca. Lucy pasea por un sueño y la historia es contada por la geografía del país, por el agua que rodea los cuerpos cuando nadan y por el viento. Una locura cercana y fácil de empatizar es la que Joao Viña, el director de Our Madness, construye en su película. Como Lucy, que vive en un manicomio y tiene el deseo de huir para ser escuchada y tocar su canción, así me siento yo en la pandemia. Con ganas de salir corriendo, de llamar a un amigx para juntarnos y contarle cualquier cosa.

Una película mal contada es lo que dice su director, sin un fin claro, sin un punto de partida o con muchos puntos por donde empiezan varias historias. La película es una apología al proceso, al camino, al error. En ese camino que se va trazando de a poco, la película encuentra momentos de belleza absoluta y también lugares simbólicos en la que el espectador puede acomodarse fácilmente. Quizá ver esta película en estos momentos de encierro y de distopía hace que las imágenes de Our Madness no nos interpelen como si fueran metáforas de un mundo paralelo sino ese mundo que vamos construyendo de a poco después de la pandemia, entre medio dormidos y medio despiertos. Igual que Lucy, que pisa entre sueños las cobijas de su cama mientras está acompañada de esculturas imposibles hechas con las cosas de su cuarto. 

Como dije antes, los personajes parecen habitar dentro de un sueño y me pregunto qué es lo que me causa esa impresión, ¿Qué es un sueño en una película? Pronto entiendo que existe un tratamiento sobre el capital, sobre la propiedad privada que solo pudiera existir fuera de la realidad. En una escena un niño compra una cerveza pero no llama la atención que un niño compre una cerveza sino que este no pague por ella. También me sorprende que Lucy y su hijo entren a un cine y que no haya nadie en la puerta para revisar su entrada, ellos pasan al cuarto de proyección como si fueran dueños. Entonces me doy cuenta que esa relación que tienen los personajes con la propiedad es la que me hace entender que se está soñando. Es como si mis ojos estuvieran acostumbrados a esas contradicciones del capitalismo para comprender la realidad.

La película, más allá de marcar las posibilidades narrativas de la locura y el terreno de lo onírico, también demuestra una constante tesis sobre la curiosidad. Our Madness es también un retrato del momento en que se emprende un camino sin saber su destino, o el sentimiento  cuando uno encuentra una pista de algo que ha perdido. Con la cámara de Sabine Lancelin, quien también ha trabajado con directorxs como Chantal Akerman o Manoel de Oliveira, estos enigmas que Lucy, la personaje principal va encontrando son mostrados con mucha delicadeza sin revelar nada antes de tiempo.

Licencia de Creative Commons

Mapa del sitio - Estamos en Facebook // Instagram // Vimeo //                      © Rengelismo