¡El tiempo! ¡El pasado! Ahí en algún sitio, una voz, una canción, un perfume ocasional, levantó en mi alma el telón de boca de mis recuerdos.

~ Fernando Pessoa

 

I

 

Yo escribo cartas en una lengua en la que soy un extraño, pero en la que de tanto no pertenecer me he empezado a sentir cómodo en esa extrañeza. Escribo y leo cartas de personas que habitan en distintos hemisferios y distintos husos horarios. Los afectos que me unen a ellos se ha construido en la distancia por medio de la correspondencia. Ellos responden siempre rápido. Yo me demoro meses. La nostalgia es la lengua con la que se escriben las cartas. “Perdón por el largo silencio” escriben repetidamente los poetas portugueses Sophia de Mello y Jorge de Sena en sus cartas. La relación por correspondencia empieza cuando este último se ve forzado a partir al exilio en Brasil. En una escena de la película dirigida por Rita Azevedo Gomes Correspondências sobre esta relación epistolar, una niña pregunta, al escuchar la frase “nunca volvió del exilio”, ¿dónde es el exilio?  Jorge de Sena se lo pregunta y parece que la conclusión es que el exilio es un vacío que no puede ser llenado con ninguna patria: ni siquiera la propia. Del exilio no se vuelve. “Soy yo mismo, mi propia patria en la que escribo” escribe Jorge de Sena.

 

II

 

La experiencia, así sea desde una computadora, de ver poesía en movimiento es una de multiplicidad. ¿Cómo se filma la poesía? ¿Qué imágenes amplifican la imagen proyectada en la palabra? Para Rita Azevedo Gomes son todos intentos. La película es una suma de pruebas y fallos cubiertos de la voz temblorosa de la poesía. La poesía es duda, desconocimiento, desplazamiento, exilio. La lengua de cada poeta es una lengua distinta. Pensando siempre en los buenos poetas. O más bien son solo poetas los que escriben en una lengua extraña para todos, propia de ellos y ajena a sus ojos.

 

III

 

Estas notas sobre Correspondências tratan de ser equivalentes a la película en el sentido en el que también son intentos nerviosos de caminar alrededor de imágenes construidas previamente.

 

IV

 

Mientras veo, escucho y tránsito por la película escribo unas notas en pequeños papelitos anaranjados. Luego mientras escribo estas notas, pego los papelitos alrededor de la pantalla de mi computador. No sé cuáles son citas, cuáles cosas que se me vinieron a la cabeza, cuáles poemas, cuáles parte de las cartas. Como en mis notas, en la película las voces se entrecruzan, se mezclan, se disuelven, se desvanecen y aparecen como destellos:

 

Solamente una pequeña luz…

                                                                                      en todas las lenguas del mundo una pequeña luz

                                                           parpadeante brillando incierta más brillando aquí entre nosotros en

el medio de nosotros

¡brilla!


V

 

La poesía es de todos y de nadie. La poesía es más valiente que nadie, escribió alguna vez Roberto Bolaño. La poesía es otra cosa escribe Sophia de Mello ¿o era Jorge?

 

VI

 

Un poema (una película) está en eterno estado de construcción y destrucción. Azevedo Gomes, y su equipo, filman a la película hacerse a sí misma: veo cámaras, micrófonos, luces. Luego veo escenas en las que el cine respira y se expande: pura escritura de la luz y del movimiento. Paisajes, rostros, vertientes se entrelazan ante el lente. Luego sólo escucho, me olvido de la imagen y es la palabra la que danza, la que se detiene, la que mira y espera. Es a la palabra a quién miro. Azevedo Gomes filma la palabra, o por lo menos lo intenta sabiendo que es el fracaso lo que se espera: la imperfección como meta máxima. La poesía no se puede filmar de otra manera. La película es un ritmo, una voz, una cadencia. Las imágenes son como olas dentro de una cueva; se mueven y resuenan, retiemblan. Susurran. La imagen poética muta, se hace pequeñita y luego en una sola vocal es una gigante y luego es tedio y luego energía desbordada y luego silencio y luego el grito de una mujer que recita rodeada de agua, y la poesía, otra vez, tiembla, hace temblar, se calla, se encoge, se estira, se muestra, se esconde, abraza, golpea, se va y se queda siempre ausente, atenta eso sí: inevitablemente atenta.

 

VII

 

“La muerte llega como ninguna carta” escuchamos decir en los primeros minutos de la película. La muerte es una latencia que persiste a lo largo de las más de dos horas que dura Correspondências. Hacia el final hay una voz que parece ser la de Sophia. Deja un mensaje en una contestadora. Habla de la muerte de Jorge sin nombrar nunca la muerte; no pronuncia la palabra, la rodea. Habla de ausencias. El mensaje es para la esposa de Jorge de Sena: Mécia. Habla del exilio, del no estar, o más bien del dejar de estar. El dolor del exilio es, como la muerte, una presencia que perfora las imágenes y las palabras. “El dolor de no ser un pájaro” escribe alguno de los dos.    

 

VIII

 

En una entrevista, anterior a esta película, para la revista Sin Aliento (Revista del BAFICI  Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires) Rita Azevedo Gomes dice: “Llegué a la conclusión de que la palabra ya implica una imagen, es la imagen; busco que la imagen no repita lo que ya sugiere la palabra.”

En Correspondências Azevedo Gomes, y su equipo, filman la lectura, la declamación y la espera: tiempos estremecidos de la experiencia frente a la palabra poética.  

 

IX

 

La gente desaparece y se transforma en memoria, escribe Jorge de Sena ¿o era Sophia?

 

X

 

Veo agua, cuevas, luz, rostros, calles, montañas, destellos, imágenes del pasado y de un presente que es también pasado y que cuando lo miro en la pantalla es de nuevo presente; veo cuerpos que deambulan, que reposan, que piensan. Veo ese tiempo activo e irregistrable del pensar. Veo bocas moverse y emitir sonidos en lenguas distintas: Portugués, Francés, Inglés, Griego, Español, Italiano. Hay momentos en los que la poesía no es más sentido, es sólo un pulso. Veo gestos, miradas detenidas, labios que se tuercen, sonrisas, frentes que se encogen, rostros que se abren. Veo a los poetas y de tantas caras distintas ya no sé con certeza quiénes son. No soy capaz de reconocerlos. Escucho a los poetas y de tantas voces no estoy seguro si es que en algún momento llego a escuchar sus voces. La poesía es de todos y de nadie.

 

Veo, escucho, transito: todo en la liquidez de la palabra

 

 


XI


Si hay cartas, si hay nostalgia, es a causa del exilio. El desplazamiento forzado, que es como un movimiento telúrico. Un exilio, además, político. Un exilio, entonces, violento. No se me puede escapar que en algún momento Sofía, o Jorge, o Rita dicen o escriben: los Fascistas tienen unas manos horribles.    

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