Nota editorial: Notas sobre la cultura y la pertenencia o la call-out culture de Raquel Salas Rivera fue originalmente publicado bajo el nombre de NOTES ON CULTURE AND BELONGING OR CALL-OUT CULTURE en Entropy en el 2017. Traducimos y publicamos con el permiso del autor.
Traducido por: Carolina Velasco y Raquel Salas Rivera
Ilustración: Carolina Benalcázar

I

Cultura significa habitar un lugar por suficiente tiempo para lograr cultivarlo, para construir una comunalidad. Es, en Puerto Rico, sembrar monocultivos, caña, al servicio del capitalismo carroñero; arrasar con la tierra para trabajar juntxs en los campos; pasar períodos en que lo único que crece es el hambre, hacer fila para comprar un arroz vendido por la misma compañía que es dueña de la tierra, de la vida, de los libros de historia, de las escrituras que no pudimos leer.

Cultura: una palabra invocada por una clase desplazada de ex-patrones que buscan enseñarnos cómo ser mejores Boricuas, cómo comportarnos, cómo bailar, qué comer, cómo actuar civilizadxs; la palabra ha sido tomada por el gobierno populista de Luis Muñoz Marín, quien alguna vez creyó en la libertad, y ahora cree en la ayuda de EE. UU. para abrir el camino a un neoliberalismo escondido tras la imagen de un frente unido, para financiar instituciones culturales que sus propias medidas eventualmente demolerían. Cultura, una palabra usada para diferenciar a aquellos que pertenecen de quienes somos demasiado maricas, demasiado feministas, demasiado trans, demasiado ilegibles, incluso para lxs ilegibles.

To call-out—nombrar, alertar, llamar, acusar, funar, cancelar¹. Llamar tu nombre de una montaña a otra, abuelo que aún vives en algún lugar del barrio Humatas, como tú alguna vez llamaste a un yo imaginario, ileso de la guerra koreana, por el racismo y por todos los nombres blancos que tuviste que aprender para algún día regresar a casa, convertido en poeta.

¹. N. de lx T. Aunque en inglés las llamadas  call-out culture y cancel culture no son lo mismo, la discusiones sobre ambas se relacionan. Call-out culture apunta más a la idea de nombrar, denunciar, o señalar, y cancel culture a los efectos colectivos en reacción a ese señalamiento. En español se usa solamente el término cultura de la cancelación, y en la mayoría de los contextos para simplificar y totalizar los procesos y contextos de una denuncia, un señalamiento, o una acusación. En este texto, y en el proceso de traducción, se abre la grieta de estos términos pensar desde otro lado lo que involucra nombrar, alertar, llamar, acusar, funar, cancelar. Y aunque estas palabras y acciones no son la misma, en la mención de call-out culture he decidido invocarlas para continuar con el gesto del texto de abrir esa grieta que complejiza estos procesos.

Cultura de la cancelación. Acusar a Romero Barceló, el asesino que gobernó Puerto Rico, to call-out, nombrarlo en un texto escrito por una organización clandestina, cuyos miembros tuvieron que reunirse usando máscaras para confundir a los policías encubiertos, muchos años después, to call-out, acusar a Donald Trump de fascista, nombrarlo y arriesgar ir a a la cárcel, arriesgar que te hagan volar sobre un océano y te lancen allí, como si fueran Pinochet y esto fuese Chile, como si esta fuera la historia, como si la historia fuese necesaria para examinar las palabras que usamos, como si las conociéramos desde siempre.

Nombrar Comunistas ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses (House Un-American Activities Committee); decir: este era antes mi camarada y ahora tengo miedo. Voy a cegarme para ustedes a través del odio; decirle mentiras y verdades al estado, que le es indiferente a ambas, alimentar esa máquina meticulosa, el penúltimo archivo, la caja secreta de las agencias de inteligencia, responderle a HUAC (siglas en inglés Comité de Actividades Antiamericanas), como Paul Robeson, decir: eres tú quien debería sentirme bajo tu cinturón, como una espada enterrada en lo más profundo de las raíces de un árbol. No voy a temer tu llamado, porque tú también  tienes un nombre, que te quiten el pasaporte y te lancen piedras cuando intentas cantar. Paul Robeson, traigo una ofrenda para tu mural en la 45 y Chesnut. Te asomas sobre un lote vacío que un día se convertirá en un condominio. Lloro porque eres hermoso y gigante, y porque dueles mientras hablo.

To call-out. Llamar desde la entrada de la casa. Mi abuela en su bata habla con sus vecinxs y chismea. Su voz es suave, pero nombra. Sus palabras se riegan lentamente, como viajando a pie con un machete en la mano. Está nombrando en silencio, pero sabe lo que dice. Está en la otra iglesia, la institución ensombrecida que es rumor, a veces más poderosa que las confesiones que un sacerdote promete mantener eternamente selladas mediante rezos repetidos. Ella se promete a sí misma que va a abrir el confesionario y dejar salir a las palomas para que caguen en la plaza. ¿Qué secreto podría aguantar esta agridulce circulación?

II

Entonces, ¿qué es call-out culture, cultura de la cancelación, de nombrar, de acusar, de funar, alertar, denunciar? ¿No es acaso todas estas cosas y muchísimo más? ¿Cuándo aprendimos a mostrar ira por primera vez, a ser dañadxs y dañar, a movernos a través y en contra del poder? Lo que es seguro es que no fue en Facebook donde aprendimos a entender la racialidad, incluso cuando sus imágenes circulan y nos inundan a grandes velocidades. ¿Importa que estas nuevas formas sean diferentes a las anteriores, o que sean tan similares? Mi ira puede destruir y edificar. ¿Importa si uso papel o redes sociales? Estas preguntas no son retóricas.

Una persona joven no binaria no sale de su casa. Llora y llora y de alguna manera cree que nunca va a salir. Esto dura un año. La primera vez que sale, se sorprende de que el sol todavía atraviesa la lluvia; una sorpresa que le sobrecoge al caminar por la calle y recibir cinco o seis piropos en no menos de cinco o seis minutos. Aún no ha aprendido la palabra disforia. Unos años después aprende sobre ser no-binarix, buscando palabras, acercándose a otrxs.

Su cuerpo se sienta en la sala de su abuela tomando café, mientras ve 12 Corazones. Su cuerpo siempre estuvo en la sala de su abuela, mientras su mente estaba en otro lado: en un libro, en un árbol, mirando hacia el infinito, soñándose a sí mismx sin formas, o en otra forma. Ahora ellx puede compartir  esto con  extrañxs que parecen estar más cercanxs en estos viajes de lo que están el café fuerte, el árbol de mango y la familia. Ahora puede estar enojadx y tal vez decir públicamente lo que nunca pudo decir en privado. Y tal vez decir de alguna manera privada lo que nunca pudo decir en público.

III

Unx poeta calls out, acusa, a otrx poeta. Menos de un año después publican juntxs. ¿Qué conflictos secretos produjeron estas decisiones, estos actos que parecen contradictorios? Hay puentes construidos sobre ríos que se ven como agua en la noche. Otrx poeta acusa a unx poeta, y se niega a publicar con ellx un año después, o por siempre. Hay puentes construidos sobre otros ríos que parecen puentes en la noche. Ambas nombran la misma violencia, que no está diluida por el tiempo. Se sostiene de la tierra como las rocas que forjan el curso del río. Sus rastros pueden desaparecer, debido a tantas otras violencias, en la memoria de algunas culturas, pero no en la nuestra. Los lazos de esa cultura se han ido. Lo que queda es el dolor sobre el cual nos agrupamos. La diferencia entre estas dos decisiones importa, pero no siempre es la misma la que nos bifurca, el momento en el que se desborda.

IV

La primera call-out—alerta, llamada, funa, acusación, cancelamiento—de la que me enamoré ocurrió en el 2005. Tenía dieciocho y estaba empezando el primer año en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Era mi primera asamblea estudiantil. La administración de la Universidad había propuesto una serie de incrementos en la matrícula y cortes presupuestarios, por lo que la asamblea estaba repleta de estudiantes, algunxs de los cuales estaban convencidos de su posición política, otrxs curiosxs y que solamente participarían con un voto.

Después de haber decidido colectivamente sobre una serie de asuntos preliminares, estábamos listxs para escuchar la propuesta final: una huelga estudiantil indefinida, que sólo terminaría si la administración cumplía con nuestras demandas. El primer punto a favor de la huelga era un call-out. Un grupo de estudiantes caminó en dirección al micrófono, uno de ellxs con una caja de cartón  sobre su cabeza. Una vez posicionado frente al micrófono, abrió la caja y sacó dos botellas de vino vacías.

Anoche, dijo, mientras estábamos preocupadxs sobre cómo lograríamos pagar la nueva tarifa de la matrícula y sobrevivir a estas medidas, los administradores organizaron una fiesta, gastando miles de dólares en vino caro. Ahí es donde termina el dinero de la Universidad. Es su crisis, su vino, pueden pagarla. ¡Que la paguen los ricos! Gritaba estas palabras y eran perfectas.

V.

NOSOTRXS, lxs colonizadxs, les pedimos que nos liberen de la obligación contractual de justificar nuestra ira.

Les pedimos que dejen de culparnos por no liberarnos de nuestros opresores. Pongan un fin a la aparentemente imposible tarea que se espera de lxs más vulnerables: la tarea de la liberación.

Dejamos de pedir y comenzamos a negarnos a ser leídxs dentro de los confines de la cultura de la cancelación o la cultura o la civilización. Nuestras palabras son el camino de un avión herido que se hunde en una tierra desconocida.

CUANDO nos equivocamos y nos atacamos entre nosotrxs no es para su consumo. Cuando estamos en lo correcto y los atacamos a ustedes, no es para su penitencia. No estarán libres de nuestro dolor mientras no estemos libres de sus estructuras.

Reconocemos, a pesar de ustedes, que nos hemos lastimado. Aprendemos a reconocer las diferencias para saber en quién de nosotrxs podemos confiar y en quién no, pero que nunca se les olvide que esta no es su tierra. No hay espacio para ustedes en nuestras peleas. Aprendemos a borrar las diferencias, para saber quién de nosotrxs recibirá un abrazo, nuestro abrazo renovado, para perdonarnos, para continuar con nuestra lucha, pero que no se les olvide que ustedes no tienen nada que ver con este amor. Ustedes no tienen lugar alguno en nuestras comuniones.

Nos reunimos en línea y sobre la tierra. Debajo de las casas y por sobre los árboles, acechando como espíritus, con y sin nombre. Nos parecemos entre nosotrxs y no nos vemos nada igual. Nosotrxs como yo, y yo como nosotrxs que nunca se excede o se funde completamente, call-out, cancelación, llamamos, sin cultura e incultxs, rotxs y rompiendo, recordando apuntar hacia las estrellas y confrontando tiranos. Negamos esta definición. La devolvemos con el mismo nombre y nuevos percebes. Déjenos llamar esta call-out culture, cultura de la cancelación, esta memoria colectiva perdida, tan vieja como Fuenteovejuna, perdida y el futuro antiguo que llamamos cambio.

Licencia de Creative Commons

Mapa del sitio - Estamos en Facebook // Instagram // Vimeo //                      © Rengelismo