Nota editorial: No hablarás por nosotras es una exhibición de 5 artistas que trabajan el tejido y el bordado en Wampra Arte-Bar (Valladolid y Guipuzcoa) que estará abierta hasta el 16 de marzo. Entrevistamos a las artistas sobre su práctica artística.

 

Teniendo como precedentes el movimiento artístico local reciente, se propone generar una exhibición en un espacio no tradicional que visibilice el trabajo de mujeres artistas. Tomar acción en coherencia a las lógicas de apoyo, inspiración y transacción de arte entre y para mujeres, en palabras de Diana Gardeneira. Se utiliza el bordado como hilo conductor entre los diálogos de las artistas; teniendo cada una de ellas una propuesta sólida ligada al tejido y aludiendo temas de género, pero inspiradas desde distintas realidades e intereses personales. Creemos que el potencial de esta sala de exhibición, que une obras que nacen de lo íntimo y cotidiano a través del bordado, pueda catapultar la evidente necesidad de nuevas propuestas expositivas de mujeres artistas.

 

Tejidos y bordados en relación con otras personas / aprendizajes

PAMELA SUASTI: El tejido y el bordado se convirtieron en el medio de expresión que decidí usar para las artes cuando comprendí el poder que tiene para transmitir lo que siento. Para mi este oficio más que un pasatiempo, es una forma de vida. Mi relación con las personas se construye a partir del interés y las posibilidades que el tejido y el arte permiten.

Aprender de este oficio implica mucho más que conocer la técnica, inevitablemente conoces a la persona, su forma de pensar, su forma de vivir y aprender a convivir. Mi pasión por el tejido me ha permitido construir desde hace algunos años un lazo afectivo más directo con mi madre, con mi abuela y mi tía, y más allá de la familia me ha permitido conocer personas sabias que conservan el conocimiento del textil con mucho amor. Quizá no tengo imágenes claras de estos instantes en mi infancia sin embargo desde que me apegue al tejido no he dejado de aprender.

ELENA HEREDIA: Siempre he creído que tejer o bordar es un ritual en sí mismo, estando solo o acompañado, el estado en el que se mete la persona es mucho más distendido al del cotidiano. Por lo tanto, cuando tejo con alguien, las conversaciones se suelen soltar y abarcar temas que generalmente no se tocan. Tener las manos ocupadas, conectarse con un material en común genera comunidad.

En cuanto a el tejer o bordar no fue algo transmitido por mi familia, es decir, el oficio lo aprendí por amigas cuando sentí la necesidad de acercarme a esta técnica a través del arte. Pero, la atracción al oficio si nació de mi familia. En particular mi familia materna poseía una fábrica de textiles en la cual transcurrió toda mi infancia y gran parte de mi adolescencia.

EMILLYE DIAZ: Aprendí a tejer con agujetas de niña, en ese entonces ya no enseñaban tejido en la escuela así que fui a un curso donde aprendí junto a varias mujeres mayores. Dado que por lo general siempre habían sido mucho mayores a mi las personas con las que he compartido el tejido retomarlo en este momento junto a colegas coetáneas me resulta curioso y satisfactorio. Curioso porque voy encontrando otros significados llenos de poder en esta práctica y satisfactorio porque tiene un efecto terapéutico en mi vida.
Para resolver muchas situaciones que están siendo determinantes tejo, es un acto simbólico que me conecta muchas veces con el concepto de fluir.
Mis experiencias con el bordado son recientes. Por una parte exploré el hilo y la aguja con la intención de juntar piezas; texturas. Ahora mis colegas artistas me han mostrado desde sus prácticas los vínculos entre el bordado y el dibujo, esto me inspira. Al juntarnos a bordar entre diversas personas surgen muchos detalles, sobre el ofició, que nos cuestionamos y compartimos; diálogos similares a las resoluciones que aprendemos de nuestras experiencias de vida y que al compartir se tornan conocimiento.

CLIO BRAVO: Yo no me considero tejedora o que el tejido es parte de mi práctica cotidiana, pues empecé a tejer desde hace muy poco tiempo, con el taller “Mujeres Difíciles” dictado por Saskya Fun-Sang. En específico utilizo el proceso de tejer para un proyecto, en curso, llamado “femmage”. Este termino es acuñado por Miriam Shapiro y Melissa Meyer, ambas artistas feministas norteamericanas de la década de los 70, y básicamente engloba todas las prácticas artísticas tradicionalmente relacionadas con las mujeres, que muchas veces no son consideradas arte (tejido, bordado, crochet, collage, etc.). Abordo el tejido en el proyecto “femmage” como un uso contemporáneo de una técnica con un bagaje fuerte, muy asociada a una práctica decorativa hecha por mujeres. Mis tejidos son feministas, hablan sobre el cuerpo femenino no-normado, sobre los cuerpos de mujeres artistas, sobre una historia del arte alterna.

ISABEL LLAGUNO: No me considero tejedora, ni se tejer. mi relación con el hilo es instintiva, es un quehacer que se desarrolla con la practica intima y en solitario. El oficio de tejer comúnmente se aprende y transmite entre las mujeres de una familia; en mi caso algo aprendí viendo como mi madre lo hacía, ella tampoco es tejedora, pero gusta de hacer cosas con sus manos. El oficio de crear con hilos es para mi una forma de entender las conexiones históricas que hay en esa labor, que ha sido relegada a las mujeres.

El cuerpo que teje o borda

PAMELA SUASTI: Tejer es una forma de vida. Una de las primera obras con las que me identifiqué tejiendo se llama ALMA, es un traje tejido en hilo que cubre todo mi cuerpo, me tomó un año tejerlo y cuando por fin lo habité sentí que había comenzado a vivir. Creo que esa es la manera en que habito mi cuerpo cuando tejo, me convierto en un tejido. Soy el tejido, mis movimientos, pensamientos y emociones responden solamente al tiempo/espacio y el significado de tejer.

ELENA HEREDIA: Como lo mencione antes, para mí producir obra textil es como un ritual. Por lo tanto, al hacerlo todo el cotidiano cambia y mi relación con el cuerpo también. Para mi, si es una relación más relajada, más terapéutica, pero todavía no logro comprender exactamente las dimensiones de tan grande ritual.

EMILLYE DIAZ: Es un ofició hipnótico, la concentración es tan profunda que la voz interior se enaltece y una logra establecer diálogo entre la energía creativa que fluye del ofició con las cuestiones interiores. El cuerpo participa con sus infinitos sentidos. La presencia y la postura se asientan, diría que hasta el punto de entumecer los músculos y pausar los sucesos del entorno. Todo lo que sucede en el tejido y el bordado, sucede muy cerca del cuerpo, en un lugar cálido entre el pecho y el útero. Aunque seguro habrán experiencias diversas, personas que tejan con los pies o que borden acostadas boca abajo. Es rico el momento en el que cambias tu postura, estiras tu espalda y brazos, giras la cabeza de un lado al otro para volver a sumergirte. Resulta interesante la repentina sensación de un pinchazo en el dedo y la minuciosidad con la que se busca desenredar un nudo. Las yemas de los dedos, la cervical, los tendones, la conciencia entretejida en las puntadas, la memoria del cuerpo en lo aprendido al tejer, la memoria en la tela que cubre al cuerpo y lo abriga, los fragmentos, los recuerdos, la materia que hace presente lo que ya no esta, lo intangible, todo se conjuga.

CLIO BRAVO: El tejer es una práctica que requiere mucha presencia física y mental, el ser debe estar presente en su totalidad para hacerlo. Cuando comencé a tejer lo hice con un grupo de artistas feministas, al inicio de los talleres hablábamos un montón, pero cuando el tejido avanzaba o se complicaba nos callábamos, porque estábamos completamente concentradas en el hilo, la aguja, la tela, las formas. De vez en cuando decíamos algo, pero no perdíamos la concentración del tejido. Muchas veces siento que cuando termino de tejer salgo de un trance, similar a los primeros minutos cuando despiertas y te sientes un poco desorientada. Y me gusta concentrar mi atención en una sola actividad, libera mi mente de alguna forma.

ISABEL LLAGUNO: No siento diferencia en como mi cuerpo se desenvuelve mientras tejo, coso o trabajo en otras formas artísticas. Mi cuerpo es un instrumento, una extensión física de mi ser, al trabajar con los hilos y las agujas mi cuerpo se encuentra inmóvil, mi energía y atención se encuentra en los hilos, evitando enredos, intentando darles forma.
El tejido se relaciona con mi obra pues una técnica que tradicionalmente ha sido relegada a las mujeres, mi interés es usar este medio para cuestionar esa norma y las condición social de la mujer en un sistema patriarcal.

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