Aún recuerdo vívidamente cuando vi por primera vez a Tenoch, Julio y Luisa bailar en esa palapa transformada en cantina. Recuerdo los cuerpos desnudos de dos hombres tocándose de manera torpe y sexual. También a Luisa en medio de ellos mientras bailaban y se besaban, como si su presencia femenina fuera el catalizador de un deseo prohibido que sólo ocurriría con ella de por medio. Marco Antonio Solís cantando te extraño más que nunca y no sé qué hacer, y Luisa caminando con un caballito de mezcal que tenía el gusano que siempre se queda al final de la botella. No hay nada más difícil que vivir sin ti. Tenoch besando el cuello de Luisa y Julio tomándola de la cintura para bailar juntos los tres. Unos señores les veían desde el fondo y se reían de su desmadre. Las manos de Julio y Tenoch que se encontraban en la cintura de Luisa, y así cómo se tocaban se volvían a separar. Sufriendo en la espera de verte llegar. Las manos de Luisa juntando los rostros de Julio y Tenoch para desaparecer mientras estos se besaban intensamente, como si la existencia de Luisa solo hubiera estado condicionada al deseo de Julio y Tenoch. Una vez que ese deseo se esparció entre los cuerpos, ella desapareció junto con ese momento. Ellos no volvieron a hablar de lo que pasó esa noche ni la volvieron a ver. También me recuerdo emocionado de estar viendo una película para mayores de 18 años. Una emoción mezclada con curiosidad que rápidamente se transformó en incomodidad con las escenas de sexo, y que se incrementaba cuando Gael García Bernal y Diego Luna se besaban. Tenía 4 años cuando “Y tu mamá también” se estrenó en México, probablemente no tenía más de 8 cuando junto con mis padres la vimos por primera vez.

Creciendo, las únicas imágenes cercanas a mis deseos homoeróticos, eran las del trío entre Tenoch, Julio y Luisa en esa playa en Oaxaca. Se sentían cercanas porque hablaban mi idioma, utilizando verbos y palabras chilangas, vivían en la Ciudad de México y visitaban lugares a los que yo he ido. Además que la playa ficticia a la que ellos iban, de nombre Boca del Cielo, en realidad existe y se encuentra a escasos 30 minutos del pueblo al sur de Oaxaca de dónde es mi familia. Durante toda mi infancia y parte de mi adolescencia estuve convencido que la película ocurría en la playa a la que iba todas las vacaciones. Por eso me identificaba, mostraba unas partes de mi vida que sólo yo conocía, y que hasta el día de hoy nunca más las he vuelto a ver en el cine. Años después me enteraría que la filmaron en Huatulco, que se encuentra del lado opuesto de dónde está mi pueblo. En “Si no te hubieras ido”, Marco Antonio Solís dice que el espejo no miente, y es verdad, aunque mi reflejo en ese incomodísimo beso era parecido a la persona que ya sabía que era, aún no podía pronunciarlo.

Hoy, volviendo a verla, me doy cuenta que ya no puedo reconocerme más en ellos: no soy hijo de políticos, ni crecí en una familia de clase media, y tampoco hablo como ellos, mis viajes a Oaxaca son por razones muy distintas. Cuando voy a mi pueblo voy a visitar a mi abuela, a alguna fiesta familiar o una Vela istmeña, y si puedo, a Boca del Cielo. Ahora me siento más cercano a esos señores sentados en el fondo viendo el desmadre que traen consigo todos los blancos y gringos que vienen de vacaciones a Oaxaca. La cercanía de esa película no sólo era por el espacio físico o por sus imágenes que me hablaban directamente, era próxima a mí porque no había conocido otra película donde existiera un deseo homosexual tan visible como en esa, por lo que significaba mi reflejo más inmediato. Hasta que conocí a la Manuela.

A la Manuela la conocí un día comprando películas piratas en Tepito, y desde que la vi por primera vez en “El lugar sin límites” no la he podido olvidar. No se me va a olvidar como la Manuela, travestida como una bailarina de flamenco, bailaba mientras toreaba los insultos, ¡joto!, ¡marica!, ¡puto!. Un baile que sólo puedo definir como el arte de lidiar con la homofobia. Nunca olvidaré cuando le gritaron: “¡saquen a ese degenerado!”, y ella orgullosamente contestó: “Joto sí, pero degenerado no”. Tampoco olvidaré cuando la mataron por joto.

En México, joto es una palabra que se usa coloquialmente para referirse despectivamente a hombres homosexuales. Se desconoce cuál es el origen de esta palabra pero según el historiador Alonso Hernández, esta podría estar derivada de la palabra xoto en náhuatl, que era utilizada antes de la conquista para identificar homosexuales. El uso extensivo de la palabra joto revela actitudes homofóbicas que han prevalecido durante siglos, y que en tiempos modernos han comulgado fácilmente con sistemas racistas y clasistas, característicos de Latinoamérica.

Antes de la Manuela, el cine mexicano nunca había escuchado a un joto defender su identidad y sobretodo, estar orgulloso de ella. El cine mexicano ni siquiera había escuchado la palabra homosexual, y mucho menos la palabra gay, que no se empezaría a usar en México hasta en la década de los ochentas por hombres y mujeres de clase media y media-alta como consecuencia del movimiento de liberación gay que ocurría en Norteamérica. Antes de que lo gay se volviera por default la identidad a la que los homosexuales nos tuviéramos que adscribir, nosotrxs éramos putos, maricones, maricas, lagartijos, mampos, mariposones, desviados, invertidos y jotos, como la Manuela. Pero la Manuela no es joto sólo por homosexual, es joto también por morena, travesti, afeminada, puta y pobre.

Mi relación con lo joto precedía a mi encuentro con la Manuela, antes de ella yo me detenía de jotear, de hacer joterías o de que se me notara lo joto. Me detenía porque era una acción exclusiva de los hombres hetero para burlarse de los jotos amanerados y de paso de las mujeres. Me pasaba lo mismo con las joterías, porque todo lo hecho por los jotos no vale, como bien me lo enseñó un maestro en la universidad al mostrar en clase un audio de una las personas encargada de elegir proyectos que financiaría IMCINE, en el que se refería despectivamente y llamaba joterías a carpetas de producción que tuvieran diseño (las cuales eran descartadas). Lo que más me costó fue evitar que se me notara lo joto. Hasta las señoras del pueblo me advirtieron que no me vistiera como lo hacía porque los hombres ya estaban hablando, y ya saben cómo se ponen cuando toman. Por más que me gustaría pensar en mi pueblo como un lugar pacífico, justo como en aquella película, la realidad es otra y es una muy violenta. Incluso hace unos días comenzó a circular por WhatsApp un mensaje donde amenazan de muerte a una persona del pueblo refiriéndose a ella continuamente como joto. Le dicen joto por cobarde, porque lo utilizan como sinónimo, y por joto lo quieren matar.

Es gracias a la Manuela que hoy yo puedo reconocerme como joto, porque ella ha sido la única que se ha autonombrado joto mientras encara al régimen de la heterosexualidad, y sin saberlo, también cuestionaba a lo gay y a lo queer. Porque homosexuales somos porque nos gustan los hombres, pero reafirmarse joto es reconocer que nacimos aquí, en un país conformado por muchas naciones perdidas, en dónde lo gay se nos ha impuesto junto con sus ideas de modernidad y lo queer sigue de cerca el mismo camino. Soy homosexual porque me atrae mi mismo género, pero por la Manuela soy joto.

Ni gay ni queer, solo joto.

No soy el gay de las películas de Hermosillo porque no tengo el cuerpo occidentalmente perfecto de Hector Bonilla ni soy masculino como Marco Treviño. No soy el gay de la película de Gustavo Loza porque no tengo dinero y tampoco busco adoptar hijos. No soy el blanco homonormado de las series y películas de Manolo Caro que busca incansablemente el amor, formar una familia que vive en la Roma, la Condesa o similares. Tampoco soy el queer de la última película de Hari Sama porque lo queer en México llegó con los blancos y con ellos se ha quedado. Mucho menos soy la caricatura del falso homosexual que acosa mujeres hecha por Cardona Jr. que ha sido replicada hasta el cansancio por la comedia mexicana, ni el homosexual pedófilo de Fernando del Villar, ni el homosexual curado de su homosexualidad de la película hecha por la revista Alarma!, ni el joto de todas las películas de ficheras que sólo existe para reafirmar la masculinidad del macho.

Pero sí soy el joto de las películas de Julián Hernández y Roberto Fiesco. Soy ese joto porque al igual que ellos soy moreno, porque mi rostro tiene facciones de un pueblo indígena que no puedo nombrar porque mi pueblo no tiene nombre ni historia, porque pude ir a la universidad gracias a que mi madre salió del pueblo para vender piratería en la ciudad. Soy el joto de Hernández porque doy mamadas a extraños esperando un poco de afecto y escucho a José José cuando me rompen el corazón. Soy el joto de Fiesco porque a veces sólo quiero bailar salsa semidesnudo con otro joto. Soy el joto de Contreras porque me he prohibido amar a otros jotos. Soy el joto de Pérez Solano porque mi único deseo es vivir abiertamente joto en mi pueblo. Soy el joto de Eimbcke porque lo joto ya se me veía desde chiquito y porque también viví en Tlatelolco. Soy el joto de Tobar porque desde niño me han jodido por joto. Soy el joto de Flores Sarabia porque yo también me enamoré de mi amigo en la adolescencia. Soy el joto de Khoshnoudi porque siempre termino enamorándome de hombres que sé que nunca me van a querer. Soy también la vestida de Barreda-Delgado porque le jodí la vida a mi papá con mis joterías. Soy la vestida de Perezcano porque no puedo salir con hombres sin tener miedo a que estos me lastimen o me maten. Soy la lencha de Ángeles Cruz porque me sacaron de mi casa por querer a alguien de mi mismo género y aún así les seguí queriendo. Y soy el joto de Roberto Cobo porque la Manuela existe por él.

El espejo no miente, me veo tan diferente
Pero me veo bien, me veo joto.

 

Archivo personal de películas jotas

 

El Lugar sin LímitesEl lugar sin Límites (Dir. Arturo Ripstein, 1978)

 

Fotografía del dossier “El sabor de lo real”: Yolanda Andrade. La Manuela (Roberto Cobo), Ciudad de México, 1978

 

Carmín Tropical

Carmín Tropical (Dir. Rigoberto Pérezcano, 2014)

 

Carmín Tropical

Carmín Tropical (Dir. Rigoberto Pérezcano, 2014)

 

 La carta (Dir. Ángeles Cruz, 2014)

 

Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor

Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (Dir. Julián Hernández, 2003)

 

Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor

Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (Dir. Julián Hernández, 2003)

 

El cielo dividido

El cielo dividido (Dir. Julián Hernández, 2006)

 

El cielo dividido

El cielo dividido (Dir. Julián Hernández, 2006)

 

Rabioso sol

Rabioso sol, Rabioso cielo (Dir. Julián Hernández, 2009)

 

Rabioso sol, Rabioso cielo (Dir. Julián Hernández, 2009)

 

El día comenzó ayer (Dir. Julián Hernández, 2020)

 

Roberto Fiesco

Trémulo (Dir. Roberto Fiesco, 2015)

 

Photomatón (Dir. Roberto Fiesco, 2018)

 

Quebranto (Dir. Roberto Fiesco, 2013)

 

Temporada de patos

Temporada de Patos (Dir. Fernando Eimbcke, 2004)

 

Sueño en otro idioma (Dir. Ernesto Contreras, 2017)

 

Flores Sarabia

Peyote (Dir. Omar Flores Sarabia, 2013)

 

Matinée

Matinée (Dir. Jaime Humberto Hermosillo, 1977)

 

Doña Herlinda y su hijo

Doña Herlinda y su hijo (Dir. Jaime Humberto Hermosillo, 1985)

 

 

Oso Polar

Oso Polar (Dir. Marcelo Tobar, 2017)

 

LuciérnagasLuciérnagas (Dir. Bani Khoshnoudi, 2018)

 

La tirisia

La tirisia (Dir. Jorge Pérez Solano, 2014)

 

Danzón

Danzón (Dir. María Novaro, 1991)

 

Oasis

Oasis (Dir. Alejandro Zuno, 2017)

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