Primer día: Europa del Este

Me bajé al vuelo del bus de la cooperativa 5 de Marzo y caminé por esas calles polvorientas hasta la Unidad educativa Los Frailes. Entré en una pequeña oficina y me presenté con la rectora y la vice-rectora. La secretaria me entregó mis horarios: soy oficialmente el nuevo profesor de Lengua y Literatura.
La agitación en esa pequeña oficina me empujó a asomarme al patio. En la canchita de fútbol habían niños en vestidos tradicionales que practicaban una danza “autóctona” sobre un pasacalle, aunque vaya a saber uno cómo bailaban los manteños-guancavilcas. Entre esos pequeños guancavilcas destacaba una figura rubia y alta. Es Andi, un búlgaro voluntario aquí, me confirmaron. Por un instante me vi reflejado en él, y me imaginé bailando en Europa del Este una danza gitana con niños de 10 años.

Día 73

Como es de notar no ha sobrado mucho tiempo. Escribir, siempre. Pero memorandos, planificaciones académicas, reportes de mala conducta. Tanto trabajo, tanto papeleo. Estoy traumado. Después de 73 días ¿esto es lo que tengo que decir?

Plástico negro

Como una manzana mientras hablo por teléfono con una novia al otro lado del planeta. Frente a mí una perrita absolutamente demacrada, quizás el símbolo último del tercermundismo, espera moribunda que yo le sobre un poquito de la fruta. Le sobro el corazón de la manzana. Cuando se lo aviento, ella demuestra una fuerza inusitada para alcanzarla, como si su flacura y su sarna no fueran nada del otro mundo. Parece Ayudante de Santa, el perrito de los Simpsons. Frente a mi también transcurre un chancho gigante (los chanchos no tienen sarna, he constatado) olfateando el polvo engabadeño en busca de restos de comida. Ellos son como enormes aspiradoras orgánicas, mucho mejores que los perros para sobrevivir en estas escaseces. Del otro lado del teléfono ella me pregunta: ¿por qué callas?

Frente a mí, el cerdo enorme acaba de engullir una bolsa de plástico negra .

Pobre Corazón

Dave Laines, Marlon García de Jesús, Benjamin Macas, Emilio Jaramillo, Jampier Lara. Diablitos de 1.30m. En Octavo de básica son 50. Los primero días opté por el rol de profesor autoritario y gritón ¡¡Te me callaaas!! Fracasé.
Enseñarles es complicado. Vale mencionar que Freddy Fernandez todavía puede leer con letras grandes. Josselyn no. Es 90% ciega y Brandon Josué es un sordomudo. A pesar de eso tiene muchos amigos. Eso sí, el otro día se dio de puñetes con Kennya, una chiquita de 12 años que es la tercera ranqueada a nivel nacional de surf.sub18. Salió abollado

Son terribles pero todavía son pequeños. En un evento cantan “Pobre Corazón entristecido”. Después de tantas horas sacándonos de Quito, allí dejan traslucir su niñez y sus cachetes regordetes de inocencia. Su condición de coristas improvisados los hace ver más tiernos que nunca. El bien y el mal existen y son lo mismo.
La siguiente clase, la segunda hora después del receso, nuevamente están incontrolables. Se lanzan galletas, pero esta vez en vez de gritar, opto por cerrar los ojos y verlos cantando. Un verso del famoso San Juanito resuena en mi cabeza: ”ya no puedo máaaas, sopoortaaaar”…

El Cabo Chicaiza

El cabo Chicaiza es un guarandeño que vive por estos lares. Es un tipo de unos 40 años. Es digno, cero huevadas. No es vago, no delega: resuelve. Por las mañanas se ubica en la puerta del colegio. La inspectora Mónica y él son amigos y se respetan.
La mañana del 1ero de Septiembre, ya advertidos por Mónica, el patrullero se estaciona en las afueras del colegio. Nada fuera de lo normal. Pero Chicaiza está atento a su retrovisor mientras los alumnos llegan solos o con sus padres a la unidad educativa. Una moto roja y dos jóvenes aparecen en el espejo. Uno se baja e ingresa. El segundo lo aguarda hasta que sale cinco minutos después. Entonces Chicaiza y su acólito, el cabo Ordoñez, los encaran y los ubican contra el carro para una requisa. Rápidamente son esposados. Llevan 3 celulares, y 500 dólares en efectivo. Van a revisar la casa del mayor. Encuentran 250 dosis de “la H” escondidas en las almohadas. El más joven, el que había ingresado, dice que nada era suyo, que el otro es el culpable. Chicaiza cuenta la rabia en los ojos del segundo. En ese punto, es caduno caduno, nos explica.
Jonathan Jacinto está ya en la Penitenciaría del Litoral esperando su juicio por narcotráfico. Es el hermano mayor de dos jóvenes del colegio, Franklin y Edward de 17 y 12 años. Edward hace parte de la larga y extensa lista de chiquillos que desde los 8 años consumen la H. “Obviamente por la influencia de algún mayor. Algunos no tienen escrúpulos”, comenta Chicaiza desde el asiento de adelante del patrullero

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Buenos días
Andi se llama el búlgaro. Alli Puncha significa buenos días en Kichwa. Ahora todos decimos Andi Puncha.

Chanchito
Jaime Briones atrapa a un cerdito por la cola y la mamá chancho, gritando como chancho, lo persigue durante algunos metros en medio de las carcajadas de todos, hasta que él tiene que soltar al chanchito y proseguir su fuga, en descuajadas zancadas.

El balón vino a dar a mis pies
El balón viene a dar a mis pies. Los muchachos, tramitadores, levantan las manos para que se los devuelva. Presuroso agarró el balón y, cuál amigo de lo ajeno, salgo despavorido en el sentido opuesto.

Karma (o el colmo del actor)
Al profesor de Lengua y Literatura le amarran los cordones del zapato izquierdo y del zapato derecho. Él finge no darse cuenta, y levantándose de la silla hace como si se tropieza. Todos ríen y él no acierta a explicarles que todo era una broma, una actuación, ¡que le crean por favor!

Un comediante del absurdo
En práctica marcial para llamativo evento en el patio de colegio, la profesora amonesta verbalmente a un gordito que sostiene equivocadamente la paleta que ha preparado para la ocasión. Del un lado dice “Me gusta”, y del otro “No me gusta”.
— ¡George Mejillones!, !pero si está al revés!!
El bromista, constatando su error, da la vuelta a la paleta, pero no hacia el otro lado,como corresponde, sino que la pone de cabeza.

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Ariel y Nayeli

Durante el desfile por las fiestas del pueblo, Nayeli se disfraza de sirena. La cola está hecha con cientos de pedacitos de CDs que son las escamas y que brillan como tales. — ¡Qué trabajo increíble! — le digo apenas tengo la oportunidad.
— Sí, la hicimos con mi mamá y mi hermana ayer por la noche
Todo lo kitsch, todo lo chichero del desfile, se desvanece en el esfuerzo de los que lo realizan con poco o nada. Sin un centavo armamos el carro alegórico “Fondos marinos” encima del cual, reina Nayeli, brilla Nayeli. Después de pasar frente a la tarima de la Alcaldesa, frente a quién Andi el búlgaro y los chicos presentan su baile “autóctono”, se me acerca el estudiante Ariel Tigua. Solicita mi atención con un golpecito con el revés de su mano. Con la otra se toca la boca, como acomodándola,
— ¡Profe! —dice algo agitado —hoy he visto bajar de un bote a….a… ¡a una sirena! Cómo le explico que lo que yo siento … ¡que lo que yo siento es amor, profe!. Esto último lo dice con una repentina seriedad en los ojos, y calma en el gesto.
— Son 3 años ya que yo siento esto. Y dígame usted, ¿eso es bueno o es malo?
Solo alcanzó a decir ¡chuta!
El ya sabe que mi respuesta jamás será satisfactoria, y sigue su camino.

Es Yárilin

A través de unos alambres de púa, la cerca, la famosa cerca que no impide que los animales ingresen al terreno del colegio, compro un chuzo de pollo. Atrás mío Yárilín y Nayeli esperan joviales su turno. “Profe”, me dice Nayeli que es más lanzada que su amiga, “¿que nos va a comprar?” Ginger ríe nerviosa, como un ciervo adolescente. Giro con la intención de verlas con cara de “cara de que me vieron?”. Pero ante sus rostros pienso, a la velocidad del rayo, que son demasiado buenas gentes. El silencio dura poco. Les pregunto. ¿Señoritas cuál de ustedes dos es la mejor persona de este colegio? Entonces se miran la una a la otra, como designando con el cuello y los ojos a su amiga. Nayeli habla primero. Yo creo que es Yarilín. Yarilín dice no, yo creo que es Nayeli.

Franklin se quedó Farruko

Mateo es mi segundo nombre. Franklin Sanchez, el más viejito de los profesores, dice que ese es un nombre digno de la realeza. Yo le dije que apenas es un nombre bíblico.
– No, es que usted no entiende, ahora la gente de clase alta no le pone los nombres nuevos a sus hijos, no le ponen Josselyn, no le ponen Bryan… Le ponen Juan, Matías, Manuel, los nombres clásicos. El otro día me topé con una madrecita, una monjita, que se llamaba Katiuska. ¡No pues! ¿Cómo va a ser? Debería tener un nombre de santa, María, Dolores… ¡qué se yo! ¡Es como si una monjita se llamará Ginger!
Los dos echamos a reír. Luego le recordé que a él, Franklin, los alumnos le dicen Farruko que es un cantante de reggaetón. Yo seguí riendo. El también. Me cae bien Franklin. Acostumbra a quedarse dormido en la sala de profesores de manera instantánea. Los alumnos dicen que Franklin se queda ruco. Que se queda Farruko.

Se hizo de compromiso

Yárilín es la mejor estudiante de 3ero BGU. Chica humilde, sonreída, tierna, linda. Tiene una mirada inquieta que adopta cada tanto tintes de una seriedad indestructible, de tensa tristeza. “Vamos a hacer de ti la primera presidenta del Ecuador”, le dije al comenzar el año. Fue electa presidente del consejo estudiantil, cumpliendo muy bien con sus misiones. Con la ayuda de Andi, ha organizado un bingo, una rifa y ya recolectó dinero para arreglar los arcos de fútbol y para comprar un balón de indoor a cada paralelo. Los lunes habla en el minuto cívico. Al principio lo hacía con extrema timidez, ahora parece más confiada.
Hace una semana que no viene a clases. El lunes, Anahi y Dayana, sus amigas, vinieron a verme.
—Se nos fue una profe, dijeron juntas en un tono algo excitado. Estaban entrelazadas por los antebrazos.
—¿Pero qué dicen?
— ¡Yárilín , profe! Yárilín se hizo de compromiso.
Esa formulación se me hizo misteriosa. Indagué:
—¿Qué quiere decir eso?
— Que se hizo de compromiso, que más va a querer decir, repitieron obtusas. Luego aclararon, raspando paciencia — quiere decir, que ahora vive con un hombre y que no va a volver.

Yo no le dí demasiada importancia, pero durante todo el día y el siguiente me volvía ese tema a la cabeza cada tanto como un sustito pasajero. Pasajero porque me resulta impensable, poco serio, que una chica tan inteligente sucumbiera en tal decisión a 5 meses de graduarse…. No puede ser tan mensa, no puede ser…
Además yo no soy de pueblo y solo podía traducir esa frase se hizo de compromiso a mis hábitos amorosos urbanos: se pego una escapada a donde el enamorado, ya volverá. Pero los días han pasado y Ginger no regresa.

Demasiados días, demasiados días

Salimos en comitiva heroica a rescatarla. Está Andí, Anahi, Nayeli. Andi me intenta tranquilizar. Yo bien la traería de las orejas. Pasamos entre los alambres de púas. ¿ Dónde queda? pregunto. Por acá cerquita, dice Nayeli.
Llegamos. “A veeeer” dice Anahí. (En cada lugar de la tierra se llama a quién está adentro de una casa de manera distinta. En Brasil, por ejemplo, se aplaude). Yárilín no tarda en aparecer por la ventana. Lleva ropa de casa, un top rojo y ligerito que contrasta con las otras chicas bien uniformaditas, falda y camisa blanca están a la orden. Adentro se ve una televisión que emite sonidos y dos o tres niños que revolotean alrededor y a su ritmo. Se me cruza la idea que son los hijos de Yárilín, que por eso no regresa. Obviamente no es cierto. Yarilín es una niña. Esos niños no parecen sus hijos, sino más bien sus amigos. Al vernos se sonríe nerviosamente. Está arrodillada encima de un sofá, y asoma su torso por la ventana, detrás de unos barrotes. La imagen es significativa: está presa.
— ¿Pero por qué no regresas?
— No sé….
— ¿No quieres regresar?
— Sí quiero… pero…
— Nosotros te extrañamos, nos haces mucha falta
— Ustedes también me hacen falta pero…
— Pero qué… ¿alguien no te deja ir?
— No, la familia de mi marido sí me apoya para ir… pero mis hermanas…
— ¡Qué importan ellas!
— Ay, no sé, solo estoy bien aquí.
— Te ayudaré a conseguir una beca…
¡Sí! exclaman los demás.
Silencio
Silencio
Yarilín tiene la mirada gacha y una sonrisa resignada se dibuja delicadamente en su cara
Amenazamos:
—Nos vamos Yarilín , si no vuelves mañana haremos una manifestación frente a tu casa.
Ella ríe despacio y levanta una mirada complaciente. Una triste sonrisa en sus labios hace parecer que su cabeza niega. No esperen nada de mí, porfavor, parece decir.

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