Este texto es parte de una serie de crónicas realizadas para  La tecnología somos nosotrxs, exposición presentada por primera vez en la Sala Proceso de la Casa de Cultura Ecuatoriana Nucleo Azuay. El 04 de agosto será la apertura de un nuevo ciclo de esta muestra en el Centro de Arte Contemporaneo como parte de la programación de La fiesta de la luz.

“El azúcar cambia su tonalidad. Nace café y se decolora a sí mismo, al principio es un jarabe mulato y en ese estado ya satisface al gusto común; después se refina hasta que puede pasar por blanco, viaja alrededor del mundo, mejora su precio y sube en la escala social.”  

El ensayo Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar escrito por Fernando Ortiz a mediados del siglo XX, intenta describir nuestros proyectos pasados de identidad colectiva desde propósitos colonizadores. Proyectos de intelectuales latinoamericanos que intentaban construir una nación para su élite, para los que podían acceder a libros o para los que tenían una ascendencia española y que de su voz salía un castellano sin acento. Es para ellos que se construye un país y para esos que, como método de defensa, lograron blanquearse para “satisfacer al gusto común”. Al revisar nuestra historia escrita, es imposible no caer en una trampa del archivo, quisimos ser como el azucar y se eliminaron nuestros contrastes para eliminar la confrontación. En el Ecuador, a partir de la categoría de mestizo, se vuelve imposible el intento de catalogar la diversidad de raza. No somos negros, ni indígenas, somos solo mestizos.

La transmestizx, obra de  Daniela Moreno Wray, presentada en la exposición La tecnología somos nosotrxs, parte desde la sospecha sobre estos documentos, pensamiento y herencia intelectual que se creó en la colonia y que ahora se reproducen en nuestra cultura y legislación, en el centro del poder.  La transmestizx entrega la posibilidad de romper, a través de la revisión de uno mismo, estos discursos que nos han arrebatado la posibilidad de identificarnos desde lo indígena, lo afro y lo femenino. El mismo análisis lo hace Ángel Rama en los años 60 donde a través del termino transculturadores, donde describe a esos escritores que se acercaban a narrativas fuera del concepto de cosmopolita para hablar de las raíces del continente latinoamericano. Una transmestizx, para Daniela, es un ser que después de esta revisión introspectiva, resurge en forma de cyborg, en la que el sujeto entiende su identidad e hiperboliza características particulares, como el color de piel, las canas, los rasgos del rostro, etc y los ubica en un nuevo cuerpo, uno que crea una dinámica más horizontal con su contexto.

El manifiesto Cyborg de Donna Haraway presenta a un ser que es “una criatura de realidad social y también de ficción”. Un ser que está consciente de las opresiones que ha vivido y también aquellas de las cuales es victimario. Transmestiza tambien se presenta como el intento de representación del otro. Trans como “el otro lado” o como “a través” y en este caso el otro lado de la historia y del documento. Es por union de conceptos que la obra representa un devenir o un camino hacia la encarnación de un cyborg, una actividad que resulta en la creación de la metáfora de uno mismo. Es decir, una transmestizx se puede representar con infinitas posibilidades de significado: desde la visualización interna de una consciencia, hasta un dibujo o incluso una transformación física donde el individuo se convierte en su ser cyborg. Es por esto que la obra de Daniela, se la puede leer como una tecnología de pensamiento y no solo como un performance, o serie fotográfica y video-instalación que es la manera se ha decidido presentarla.

la transmestizx de daniela moreno Fotografía por Daniela Moreno Wray

En mayo de 2018 participé en el taller de Daniela, dentro del marco de la exposición La tecnología somos nosotrxs en Cuenca – Ecuador. En este encuentro cada participante elaboró su transmestizx.  Daniela hizo una mediación entre las asistentes y su obra. Ella habló de su historia, nos mostró fotos de las mujeres de su familia, su planta, su animal y una anécdota particular.  Se presentó desde sus afectos y al mismo tiempo nos presentaba su cyborg transmestizx. Este taller proponía una ética de la identidad desde la relación de una narrativa de ciencia ficción. En la invitación al evento, la artista escribió “este es un espacio de co-pensamiento sobre lo trans, como posibilidad para atravesar el discurso nacional del mestizaje homogenizante y abrirlo más allá del pensamiento binario y más allá de lo humano” y de esta manera nos dirigía a oponer identidades, con la ayuda de nuestra memoria, desde las preguntas y la concepción de la diversidad dentro de cada sujeto. 

Para mí fue un ejercicio complejo que logró levantar diversas capas de mi historia. Yo imaginé una transmestizx enfocado en la historia de mi voz y que me regresó a pensar cuál era la voz predominante en mi identidad, cuál era mi voz escondida. Me enfoqué en las entonaciones a partir del contexto y lxs interlocutorxs, lxs lectorxs. El proceso me hizo recordar una tos que cuando era niño no me dejaba dormir. Recordé que mi mamá me bañaba en agua de eucalipto para aliviar esa tos que no me dejaba hablar fluidamente durante los primeros años de la guardería.

Hablé sobre el eucalipto con lxs otrxs. Recordamos que este es un árbol colonizador, traído en la época de García Moreno con fines inmobiliarios. Confronté este hecho histórico con los conocimientos heredados desde el nucleo familiar. Pensabamos, en colectivo, que está historia, no tan presente en el día a día, confrontaba este ser colonizado pero también cercano a sus orígenes, lejanos a la medicina tradicional. 

Intentamos hacer una analogía con mi identidad y nuestro suelo, nuestras posibilidades de levantar la voz y la transformación constante de esta. Mi transmestizx tenía forma de tronco, no tenía boca y gozaba de habilidades superiores, extra-humanas de escucha. Mi cyborg era un ser con la hablidad del silencio permanente.

Daniela nos entregó está herramienta de pensamiento que se transfiguró en una revisión del privilegio. Como a todxs en el taller, me enfrenté a mi memoria, a mi color de piel, a mis relaciones con el medio ambiente y con mi familia. Entendí que este ser hiperbólico tenía que ser un cyborg sin la capacidad de hablar. A continuación mi cyborg transmestixo.

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