La fantasía de la Blanquitud

(x)

Y entonces vi el mensaje de Dirk, como vi el mensaje de Michael, o el mensaje de Jonas, o el mensaje de Thomas. Todos mensajes al estilo Florian: el genérico del hombre Blanco gay alemán simpático.
29 años
diseñador/artista
del sur de Alemania
de familia católica de clase media con aspiraciones de alta burguesía
residente en uno de los barrios de moda berlineses
lector del diario de centro izquierda Süddeutsche
algo de falsa modestia
algo de pretensión
seguridad en la proyección
inseguridad en el fondo
mucha culpabilidad católica.
Era lunes.
En el mensaje me decía que vayamos a tomar algo esa semana. Habíamos hablado dos veces por mensajes y había un poco de emoción. También estaba mi filtro, el que se activa cuando interactúo con hombres_Blancos_gay, o con hombres_Cafés_gay_que_quieren_ser_Blancos.

El filtro es una sensación como respuesta a lo que dicen y cómo lo dicen. Es un gesto desde la experiencia personal y colectiva de haber sido objeto de violencia racista. Es un sentimiento sobre una actitud. Cada filtro es un momento individual, una lectura espontánea. Por ejemplo, una lectura sobre la manera de pedir algo o de aceptar una negativa.
El filtro se activa con requerimientos que parecen órdenes, y se confirma si una negativa al requerimiento/orden es un vivo berrinche.
El berrinche de creerse con el derecho (Blanco) de determinar, y el berrinche de que no le dejen determinar.
El filtro es un gesto de auto_preservación, de no querer exponerme a violencias racistas casuales.

Le respondí que sí, que en la semana tenía cosas que hacer pero que nos viéramos el viernes.
El viernes me escribió. En el mensaje decía: “6PM?” Le dije que sí y que me dijera dónde. A eso no respondió.
Llegaron las seis, las siete, las ocho.
Le escribí preguntando si todo estaba bien. Ninguna respuesta. Pasaron dos días. No le escribí otra vez. La dinámica común en citas en línea.

Levanté el teléfono y vi un mensaje suyo. Era lunes. Escribió que estaba bien, que esperaba que yo también, y que en ese momento no podía darme lo que yo estaba buscando.
Dos cosas: ‘no poder darme’
‘lo que yo estaba buscando’
Darme.
Dar.
Darme.
Un segundo de duda
¿Le había dicho lo que estaba buscando? No.
No.
¿Qué estaba buscando? No.
No.
Le escribí. Le pregunté ¿qué era lo que (yo) estaba buscando?

(xx)

(xxx)

Le escribí brevemente sobre la relación entre su pretensión de asumir lo que yo necesitaba y su posición como hombre Blanco gay.

En el mensaje describí la dinámica, le dije lo que había hecho, y cómo lo había hecho. Le dije que le evitara el momento a alguien más.

El impacto se muestra como desconcierto. El desconcierto de la Blanquitud de que le digan algo, que le digan que no es tan ‘buena’ como pretende, quedar expuesta. El desconcierto de la Blanquitud de que le digan lo que hizo, que alguien le diga lo que hizo, que alguien Café le diga lo que hizo.

Mi camino hasta poder nombrar a la Blanquitud y lo que la Blanquitud hace es el camino de mi propia liberación. Cuando era niñx me sentía raro porque mis compañerxs de clase eran Cafés con aspiraciones de Blanquitud y me sentía raro porque mis vecinxs eran Blancos. Y no solo me sentía raro, me lo decían. Raro, por cierto, era o longo o maricón o meco o las tres cosas al mismo tiempo. [Meco es un apelativo peyorativo que usaban los colonizadores españoles para describir a indígenas no sometidxs y más tarde también para describir a indígenas que ellos leían como masculinos pero que tenían gestos que ellos leían como femeninos]. Años después entendí que se trataba del color de piel, de los accesos y los límites de la vida quiteña dominada por un orden racista, clasista, católico patriarcal, capitalista. Lo entendí pero no lo pude nombrar enseguida sino hasta algunos años después y nombrar fue liberarme a través de mi experiencia y la experiencia de otras personas racializadas antes que yo. Nombrar la Blanquitud, al patriarcado católico, capitalista, clasista. Nombrar claramente es lo peor que le puede pasar a la Blanquitud: que le nombren como un conjunto de acciones que ejecutan violencia racista, clasista, sexual.

Me escribió que nunca antes le habían escrito algo así. Le dije que no era para tanto, que era simplemente la fantasía de la Blanquitud en un mensaje de Whatsapp de cinco líneas. Me escribió también que lo había pensado todo el día y que no tenía nada que decir porque yo tenía la razón. Le respondí que no es una cuestión de razón. No le escribí nada más.
Es una cuestión de violencia
de sentimiento
de sentir una situación de violencia racista
y sentir que la persona ve o no asume su responsabilidad
como agresor.

Ni siquiera es una cuestión de empatía.
Es una cuestión de compromiso
de conciencia de la violencia
de reparación por la violencia
no de dar, sino de hacer.

Los proyectos con ‘buena’ intención

El complejo del Salvador Blanco es una costumbre. Es una costumbre en Europa, desde Europa, desde Europa para el mundo con ‘buena intención’.

El complejo del Salvador Blanco es una costumbre. Es una costumbre de las élites Blancas latinoamericanas; de la ‘buena’ voluntad católica, de la ‘buena’ intensión de las élites Blancas latinoamericanas.

El complejo del Salvador Blanco es una costumbre. Es una costumbre de las élites Cafés colonizadas latinoamericanas; de la ‘buena’ voluntad católica de las élites Cafés colonizadas latinoamericanas. De la voluntad de hacer todo lo posible por parecerse a las élites Blancas latinoamericanas y europeas.

La ‘buena’ intención

Buena, ¿para quién?

¿Con qué intención?

El complejo del Salvador Blanco
se nutre de la culpa católica Blanca
se aprovecha de las necesidades de la gente racializada;

mantiene la estructura de dominación
crea una dinámica de dependencia
atrapa a las personas que reciben ‘ayuda’, forzándolas a la gratitud

sin alterar el privilegio de la gente Blanca
sin alterar la estructura de dominación Blanco supremacista.

El complejo del Salvador Blanco genera beneficios para la gente Blanca
un ‘buen’ sentimiento
prestigio de ‘bondad’ y ‘caridad’
y posibles réditos económicos para… la gente Blanca.

Los proyectos motivados por el complejo del Salvador Blanco comienzan con una ’buena’ intención, desde la perspectiva de la gente Blanca. Me viene a la mente el minuto en que oí a una persona Blanca quiteña hablar sobre su proyecto de fiestas inclusivas  o el proyecto de otra persona Blanca quiteña sobre textiles ancestrales. En los dos casos era por el ‘bien’ de personas racializadas, vulnerables, excluidas. Por el ‘bien’. El paternalismo es evidente. La violencia es menos evidente. Por el ‘bien’ pero no por la libre decisión de las personas racializadas, vulnerables, excluidas. Me viene a la mente el grito en el cielo cuando osé decirles que sus proyectos ejercen violencias racistas, de clase, de género. El grito en el cielo porque solo buscaban el ‘bien’. Un ‘bien’ que ellxs mismxs, como Blancxs, habían definido. A eso seguía una acusación: que cómo me atrevo yo a decir que hay una situación de violencia si esas personas no se han quejado. Claro, no se han quejado no porque no puedan sino porque están en una relación laboral coercitiva histórica y presente con la gente Blanca. Y la siguiente acusación: que cómo yo me atrevo a decir algo desde mi posición de poder por mis privilegios. Es cierto que mis privilegios me permiten decirle cosas a la gente Blanca, más que nada el privilegio de mi liberación, pero en ningún caso dejo de ser una persona racializada operando desde su liberación en un contexto de racismo estructural.

El gesto

del complejo del Salvador Blanco

no es solidaridad

es auto_promoción para… la gente Blanca

y por eso violencia racista.

Un día un amigo Blanco quiteño me contó que estaba haciendo una película sobre la falta de agua en varias comunidades indígenas en el centro del país. Nótese el privilegio de poder hacer una película con fondos privados sobre una problemática que no afecta a ninguna de las personas implicadas en la realización de la película. Me dijo que era una película ‘militante’ porque no podía ser posible que esas personas no tuvieran agua. Yo le escuchaba. Terminó diciéndome que se había acercado tanto a las comunidades, que se había hecho amigo de las personas y que ahora se sentía ‘como uno de ellxs’. Le dije que estaba fuera de lugar y que era violencia racista lo que acababa de describir. La réplica fue protestar a manera de lloriquear y decir que no se podía quedar sin hacer nada, que lo del agua es muy importante, que hay que hacer algo, bla.

ES QUE YO SOLO QUERÍA AYUDAR, grita la gente blanca
ES QUE ERA PARA AYUDAR
NO TENEMOS MALA INTENCIÓN
SOLO ES BUENA INTENCION

La violencia está en instaurar
una dinámica de gratitud
que en realidad es una dinámica de dependencia.

Y ENTONCES QUÉ HACER, grita la gente Blanca

La audacia:

Creerse con el derecho de hacer sin pensar
y luego exigir que le expliquen
y que le digan qué hacer.

A parte, siempre ‘querer hacer’
el ‘bien’
a costa de lxs cuerpxs racializadxs.

A veces no es no hacer sino cómo hacer
otras veces, es mejor no hacer.

Pasado en parte el lloriquear de mi amigo Blanco quiteño, me acordé que en su casa en Cumbayá hay una piscina. Me acordé que en las casas de sus vecinos hay piscinas. Me acordé del campo de golf que está al lado de las casas. Me acordé del uso del agua en la ciudad. A su insistencia de querer saber qué hacer le contesté que si tanto le interesaba el tema del agua que hiciera una película sobre el uso y mal uso del agua en su casa y en los barrios de clase media alta y clase alta de la ciudad. Silencio. Otro gesto de la Blanquitud de clase media alta y clase alta es siempre buscar una causa y una solución externa, lejos de si: eso ayuda a que a nadie se le pueda pasar por la cabeza que lo que hace la Blanquitud de clase media y clase media alta tiene directa relación con todo lo que le falta al resto de la población. Y ayuda a evadir la responsabilidad.

Una idea,
un proyecto de gente Blanca
desmantelando
su propio privilegio Blanco.

La campaña:

Desmantele su privilegio Blanco,
deje en paz a la gente racializada

Licencia de Creative Commons

Mapa del sitio - Estamos en Facebook // Instagram // Vimeo //                      © Rengelismo