Durante los meses de septiembre y octubre visitamos, junto a La Suerte, los talleres de las artistas que participarán en Ordinaria el 8 de noviembre de 2018. Las visitas nos revelaron las cercanías creativas que existen entre cada una de las participantes de la muestra. Estas conversaciones se realizaron mayoritariamente en la ciudad de Quito, otras fueron a través de llamadas vía Skype, sin embargo,  todas las visitas nos obligaron a ocupar y transitar  espacios íntimos que levantaban la discusión sobre el movimiento del cuerpo ocupando el espacio de trabajo y las ambigüedades que existen en la construcción de estos lugares.

 

Saskya Fun Sang:

Chicago

Fecha de la visita: 25/09/2018

El taller de Saskya es una obra en construcción. Su espacio de trabajo se mueve con ella a donde va, mientras su obra se esparce entre Quito, Guayaquil y Chicago. Es difícil tener un espacio propio cuando estás en constante movimiento, las obras empiezan a adoptar varias lenguas y formas que se crean a partir del lugar que habitan. Nuestro medio de comunicación fue el internet y en esta conversación entendimos que la cotidianidad también es reorganizada y que en este movimiento entre geografías uno va dejando marcas y trabajos esparcidos. Estar en tantos lugares a la vez requiere de orden, se vuelve necesario tomar control de ese espacio, que aunque no exista de forma física, se lo percibe desde los afectos. Es justamente en ese proceso que se encuentra el taller de Saskya, con su historia tejida en una cinta de tela en forma de papel higiénico y en las hombreras de su madre. Algunas obras las deja en manos de conocidxs, en espacios que resultan familiares, mientras otras las lleva consigo en la maleta como reliquias o recuerdos.

 

María Salazar

La Floresta

Fecha de la visita: 24/09/2018

La casa de María es su taller.  En la visita fuimos de cuarto en cuarto revisando lo realizado por ella durante sus últimos años de carrera artística, pasamos de la sala al estudio y del estudio a sus armarios, ella nos llevaba por su casa y nos daba un recorrido de su aprendizaje e indagaciones durante estos periodos.  Los lugares donde se guardaban sus obras están confundidos entre su hogar y su proceso. Nos habló de su familia y su quehacer artístico y estás se entretejían. En una tela blanca ella dibuja la historia de un día de campo en el Cotopaxi, y los personajes que  protagonizan sus escenas son parte fundamental de su vida afectiva: su hijo, su esposo, sus amigxs. Al terminar la visita, entendimos que a través de sus obras conocimos mucho de su vida como madre, profesora y artista.

 

 

Maureen Gubia

Guayaquil

Fecha de la visita: 24/10/2018

El taller de Maureen está en la casa de sus padres. Nos recibió virtualmente en su sala, en donde tiene algunas obras expuestas. Al principio preguntamos qué es lo que le interesa exponer, cuáles son las obras que ella considera ordinarias, habituales y cotidianas. Durante nuestra conversación nos contó cómo los cuadernos que llevaba a fiestas para retratar a los invitados y en buses a gente extraña servían como un medio para curar la ansiedad social. Hablamos de dinámicas en las que la gente enviaba fotos familiares de ellxs para que Maureen dibuje algo con estas. El dibujo es el medio por el que se mantiene una relación con la gente, algo como un código común y un nuevo lenguaje. Nos dimos cuenta que, en estos casos, dibujar en cuadernos y regresar al estudio se vuelve una acción íntima y personal.

 

Natalia Espinosa 

La Floresta

Fecha de la visita:26/09/2018

El taller de Natalia es un lugar que está hecho específicamente para trabajar. En la parte de atrás de una casa, los platos, hornos, y herramientas están ordenados para la producción de cerámica de Perro de Loza, su negocio.  El taller es una máquina aceitada, se puede ver que el lugar está en constante movimiento.  El trabajo con la manos se convirtió en una técnica para crear objetos útiles que por ser domésticos ocupan otra lógica en el consumo y su producción. El trabajo de Natalia empieza fuera del taller y de la masa y en espacios de poco movimiento. Sus platos combinan diferentes materiales y en esta mezcla, cada uno de ellos propone repensar lo ordinario y lo cotidiano.

 

 

Leonor Jurado Laspina

La Carolina

Fecha de la visita: 27/09/2018

El taller de Leonor está en varias habitaciones de su departamento. Al llegar, hay cámaras del año 1850, baúles llenos de lentes, un escritorio con su computadora y un scanner rayado por hilos, cuerpos, ramas y pelos de mandarinas. En la sala está su bebé y en su baño está su cuarto de revelado que monta en la ducha cuando lo necesita. Una de las cosas que usualmente no tomamos en cuenta es el tiempo que se necesita para realizar una obra, el proceso introspectivo de la expresión. En la soledad, el arte es terapéutico. Vives con temor al ser mamá, por eso ya no tomo tantos riesgos. En su trabajo, Leonor explora el objeto fotográfico, las superficies en las que podemos reproducir la fotografía y la búsqueda de materiales comunes para ver y hacer fotografía. El embarazo, el amor filial y los momentos de soledad que se experimentan durante la maternidad son el empuje para la obra de Leonor.

 

Lisbeth Carvajal

Guayaquil

Fecha de la visita: 29/09/2018

Visitamos el taller de Lisbeth a través de una llamada por Skype. En la pequeña ventana del computador la pudimos visualizar sentada en el piso, con el fondo de unos lienzos enormes arrimados sobre las paredes. El cuarto que estaba destinado a ser taller se veía borroso y a contraluz, teníamos la impresión de que su obra la sobrepasaba en cuanto al espacio. En la conversación, revisamos su portafolio y lo que nos contaba construía la línea narrativa para imaginar el lugar  del que provenía la voz.  En su obra ella dibuja bosques, piscinas vacías, agua quieta y circulando.  Para nosotrxs la obra de Lisbeth se remonta a esa experiencia solitaria en el espacio que uno intenta construir mientras se trabaja, uno que imaginas mientras te quedas dibujando.

 

Alice Bossut:

La isla

Fecha de la visita: 04/10/2018

Alice, en su taller, cataloga historias mínimas y los divide en colores. En sus serigrafías se ve una mirada que se detiene después de ocupar un espacio fuera al lugar de trabajo, una mirada que a partir de momentos cotidianos crea relatos. Alice separa cada color y cada forma para crear una imagen reproducible. En este proceso las anécdotas se fragmentan, segmentando las piezas de la narrativa en diferentes capas que, superpuestas, van completando la historia a medida que le agregan un color, una forma antes la imagen. La serigrafía comienza por bocetos donde se estudia la aplicación de cada forma y se definen los colores que cada elemento tendrá en la copia final. Es así como Alice convierte la actividad de ir al parque un domingo en algo que va más allá de lo ordinario, es una imagen que revela el carácter del espacio, de la ciudad.

 

David Cevallos

Ponciano alto

Fecha de la visita: 03/10/2018

Cuando entramos al taller, David nos pidió que nos tapemos los ojos, atravesamos la casa de su madre y llegamos a un espacio de paredes blancas y estructuras que él mismo armó para poner en orden su portafolio. A simple vista, las obras que expone en vitrinas y mesas parecen un mundo alterno por sus dimensiones peculiarmente pequeñas. Durante la visita, cruzaba los brazos y nos contaba cómo las figuras de papel y las pequeñas alhajas habían salido de lugares abandonados. El rescate de los elementos terminó en una colección de cuadernos, hojas de más de cien años, jabones, perfumes y torres pequeñas sin razón aparente. Los soportes de la mesa que exponen algunas de sus obras son pequeños cajones azules en donde guarda los dibujos que, en un principio con recelo, se exponen en Ordinaria. Es arte que surge del aburrimiento, uno que saca de contexto los elementos y explora otras cotidianeidades y espacios.

 

Dayuma Guayasamín:

Sangolquí

Fecha de la visita: 06/10/2018

En el taller de Dayuma encontramos piezas que revelan el carácter de apertura y curiosidad de su obra. La artista nos guió por un lugar lleno objetos de uso diario pero que ella las ha transformado: llaves que se convierten en candelabros, telas de seda que se convierten en lienzos, y una vida que se transmite en imágenes íntimas de la casa que habita. Dayuma nos hizo ver más allá de los objetos que utilizamos todos los días cuya belleza se ve oscurecida por su mera utilidad: el mirar sin prejuicios. Su obra cambia constantemente a medida que la artista aprende nuevas técnicas, logra transformar lo cotidiano en algo que nos llama a mirar de una forma jamás pensada.

 

 

 

 

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