Un hombre remueve con una pala la tierra de una acequia, se lo ve abriendo paso al agua, la cámara se acerca a sus manos y en un momento aparecen destellos dentro del montículo que él está manipulando. El hombre encuentra pepitas de oro, las lava y se las guarda en su bolsillo. Esta es la escena con la que Georgi Lazarevski introduce su documental, lo hace intuyendo la metáfora que guía a toda la línea narrativa de su historia. La riqueza de una tierra y su explotación.  Zona Franca, se desarrolla en la provincia de Magallanes en el sur de la Patagonia, el último lugar de la tierra. La película resuelve con planos contemplativos una descripción prolija del poder y riqueza de este territorio.

Un territorio habitado por gente solitaria, personas que todavía no han sido invadidas por la modernidad de la urbe, gente de campo, del último campo del planeta, con la cara quemada de frío y con un paso tranquilo. Entre esta gente la película se enfoca en dos personajes, por un lado, está el buscador de oro dibujante que en su cotidianidad sobrevive de la venta de gramos de oro que mensualmente encuentra en las zonas más áridas de su territorio y por otro lado, está el camionero que entiende que el gas del país es explotado en sus tierras y en su protesta demanda un precio justo para él y sus colegas. La historia documenta dos vidas donde la cotidianidad se ve afectada por la intervención de lo exterior, lo foráneo o los poderes lejanos.

Zona Franca construye a sus personajes desde la relación que estos tienen con su territorio. Se puede ver el gran nivel de dependencia que sostiene un pueblo con el lugar donde nació. Esta es una película que sintetiza la lucha de los y las campesinas latinoamericanas que conviven con la explotación y que, sin embargo, no reciben el beneficio que merecen.

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