Hoy , 18 de mayo, día mundial de los museos, a 5 días del fin de la observación islámica de Ramadán, durante la semana mundial de reconocimiento de la esquizofrenia, y del comercio internacional, concluye el documental en 10 partes sobre la última temporada de  los Chicago Bulls de Michael Jordan. Para quienes no conocen los pormenores del asunto, la temporada 1997-1998 de la NBA (la liga de baloncesto más conocida del mundo) resultó en la consecución del sexto y último campeonato logrado por quien fuera, y ostensiblemente sigue siendo, la figura deportiva más reconocida del mundo. La fulgurante carrera profesional  de Michael Jordan inicia en 1984 y termina en el 2003, luego de ganar dos medallas de oro en los Juegos Olimpícos, 6 títulos en la NBA,  ser elegido el mejor jugador de 6 finales, todo ello mientras cosechaba 10 títulos de máximo anotador de la liga, un sin número de  marcas que hoy parecen inalcanzables y ser considerado, de manera casi unánime, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos (1) .


1.-La denominación utilizada en inglés moderno para referirse al jugador más determinante (greatest of all time) de la historia es G.O.A.T, nada menos que una cabra o un chivo. Resulta interesante pensar en la relación existente entre Jordan y la figura del chivo expiatorio en los ritos hebreos o atenienses salvacionales en los que un chivo, o un ser humano, era seleccionado para expulsión de la comunidad de sus pares, de esta manera se aseguraba el bienestar de la colectividad. El rito del chivo expiatorio se practicaba en la Antigua Grecia, por otro lado, con el advenimiento de plagas. Es precisamente en el momento histórico de la cuarentena global propiciada por el Covid-19  cuando la corporación Netflix decide adelantar el estreno del documental objeto de estas palabras, por dos meses. Así, The Last Dance y Michael Jordan, cumplen con el perfil del sujeto mítico que se requiere para el sacrificio, el de una persona de gran importancia, que pueda expiar la culpa general. Dice Jan Bremmer (1983) en “Scapegoat Rituals in Ancient Greece”, Harvard Studies in Classical Philology. 87: 299–320 que existe una dicotomía entre aquellos individuos utilizados en el ritual en los relatos míticos, por lo general reyes o sus hijos, y los individuos reales, de carne y hueso,  empleados en estas prácticas, por lo general sujetos empobrecidos y sin poder. La idea es que, mientras mayor sea el renombre del sujeto, mayor el sacrificio y por ende mayor el alivio social resultante. El sacrificio es así el remedio (en griego, el nombre del chivo expiatorio es pharmakos) para los males que aquejan el mundo. En la sociedad global que el nombre Michael Jordan  forjó como máximo emblema de sumisión y goce ante la indentenible fuerza del capital, es justo y necesario que sea él  el expulsado.


The Last Dance,  el documental dirigido por Jason Hehir para ESPN, la cadena televisiva especializada en deporte más grande del mundo y distribuido en América Latina por medio de la plataforma Netflix constituye una suerte dedocumento privilegiado del momento histórico presente, un texto clave para entender la realidad circundante e inmediata, el flagelo de Covid-19, el desconcierto generalizado que ha provocado a nivel planetario y al mismo tiempo, la inmensa fascinación y deslumbramiento del presente.

The Last Dance consiste, por supuesto, de un documento no solo privilegiado, sino de privilegio, acceder a él requiere un servidor de Internet y una cuenta pagada en la plataforma Netflix. El documental requiere también conocimiento previo de la historia estadounidense (2) del deporte, del inglés estadounidense y al menos un conocimiento básico de la cultura de la globalización,  representada victoriosamente de la mano de Jordan y de la corporación multinacional Nike durante los años de gloria de los Chicago Bulls (1991-1998). La historia de Michael Jordan es así una historia mítica, la historia misma de la globalización cultural—que anunciaba una nueva fase del poder político y económico de los E.E.U.U. y que se convertía, a través de una explosión tecnológica inusitada en los años 90, en “poder suave” (3).


2.-Dentro del inglés coloquial de entonces, también el Black Vernacular English (BVE), una variante que cada vez más reclama carta de legitimidad entre las lenguas del mundo.

3.-El poder suave o blando alude a la capacidad de un actor político para incidir en las acciones o intereses de otros, valiéndose de medios culturales e ideológicos en lugar de la fuerza o la coerción directa. El término fue acuñado por el profesor de la Universidad de Harvard Joseph Nye en su libro de 1990 Bound to Lead: The Changing Nature of American Power, “la mejor propaganda no es propaganda” escribe el catedrático, y añade que en la era de la información “el recurso más escaso es la credibilidad”. En el caso ecuatoriano, la formulación de Benjamín Carrión (1897-1979) “la suave patria”, alude a una variante particularmente hispanoamericana de la ideología , de la mano de Eugenio D´Ors y de otros. Subyacente a esta discusión se encuentra, a no dudarlo, un apuntalamiento de conceptos  particularmente masculinos (como en el caso de las llamadas “ciencias duras”) y un replanteamiento de la feminidad. Uno de los elementos que The Last Dance vuelve detectable, y que podría pasar desapercibido con mayor facilidad en el mundo pre- Covid 19 es una cierta masculinidad tóxica que impulsa el proyecto documental y que, en el texto mismo, se ve contrarrestada exclusivamente por la madre de Michael Jordan, Deloris (Dolores).

4.-  Seleccionado de baloncesto del Ecuador entre 1980 y 2000, esmeraldeño, docente, crítico cultural de quilates y agricultor en el noroccidente de Pichincha.


De esta manera podemos decir que The Last Dance (TLD) y su atractivo para millones alrededor del mundo,ilustra la cruenta realidad de un mundo dividido entre sujetos estáticos y sujetos cinéticos, entre encerrados voluntarios y ambulatorios necesitados; o, como dice Demetrio Vernaza, “el que no tiene en las calles y el que sí tiene en su casa”. No es así gratuito que el espectáculo que el encierro propone, para paliar la angustia de un cambio de piel planetario sea otra cosa que la historia de Michael Jordan (MJ).

Uno de los aspectos más sobresalientes de TLD consiste en (re) narrar una historia conocida: la consecución del sexto campeonato por parte de los Chicago Bulls en 1998. El documental así no propone descubrir nada nuevo, al contrario (y ahí radica su contenido paradójico y mítico a la vez), su aspiración no es otra que reafirmar la grandeza de “su majestad de los aires” (5).  El ejercicio es pues, evidentemente, producto de una táctica desesperada que, si se me permite una comparación prosaica, es análoga y concurrente con las prácticas de devaluación  monetaria. En la devaluación, el valor real de un billete  ( junto a su valor simbólico), disminuye, entre otras cosas, debido a la pérdida de fe en la nota monetaria. Se requiere imprimir más billetes, entonces, de denominaciones que antes portaban mayor capacidad adquisitiva (y fe), para cubrir las necesidades materiales de las personas. De la misma manera, la devaluación del nombre de Michael Jordan (de su marca, de su sentido) ha requerido, de parte de los productores, un documental dividido en partes, serializado. La dosis de Michael Jordan que el planeta requiere, para los  productores del documental, debe no solo extenderse en el tiempo (cinco semanas) sino en el ciclo noticioso-deportivo, hoy por hoy, en hambruna de novedades.

Vale la pena detenernos por ahora, para hacer explícita mi aproximación a TLD. Mi argumentación no asume un significado absoluto de este texto (o cualquier otro), mucho menos un significado “profundo”, únicamente asequible por medio de disquisiciones eruditas y herméticas. Mi lectura identifica a este texto como un documento privilegiado del presente, no solamente por el hecho de que convoca una audiencia global que cuenta millones de espectadores, en confinamiento voluntario, mesmerizados por las imágenes y el relato de TLD sino también porque, en cierto nivel, el documental consiste en una meditación sobre el significado de la (H)historia (con mayúscula y también con minúscula). TLD se pregunta sobre la caída de la “dinastía” de los Chicago Bulls (otra palabra con reminiscencias monárquicas) y  a la vez, sobre la disminución de la importancia de la figura de Michael Jordan en el tiempo. ¿Qué pasó? ¿Cómo explicar la aparentemente voluntaria abdicación de un rey de su trono? ¿Cómo pudo el mundo olvidar (devaluar) a  Michael Jordan? 

El documental, que para exhibirse tuvo que recibir aprobación final por parte del conglomerado que preside Michael Jordan, sin duda propone sus propias respuestas a estas preguntas. Mi intención  en lo que resta de este ensayo consiste en explorar TLD en busca de respuestas a una serie de preguntas distintas: ¿Cuál fue la utilidad de la historia de Michael Jordan para la globalización agresiva que tuvo inicio a partir de la década de 1990 del siglo pasado? Y de la mano de esa pregunta, ¿en qué sentido se ha agotado  la globalización como proyecto cultural y económico, qué sugiere TLD al respecto? Mi intención no es entonces, obviar el documental a nombre de una reflexión sobre la geo-política, la cultura y la economía planetaria,  sino más bien sugerir algo que estos tiempos de Covid-19 remarcan de manera incesante: que la realidad entera está atravesada por la política y por la dominación. Que de entre aquellas conductas olvidadas del siglo pasado nos urge recordar la capacidad de  comprender al mundo como un todo, que el entretenimiento aloja zonas oscuras de la experiencia, que el placer tiene un vínculo directo con el sufrimiento y que un simple documental sobre Michael Jordan no es un documental simplemente, sobre Michael Jordan.


5.- El término preferido por los medios estadounidenses para referirse, en tono mixto de veneración y promoción publicitaria a Jordan es  “his airness”, un neologismo que fusiona la denominación monárquica “su majestad, el heredero real” (his highness, the royal heir”)  con la palabra “aire” (air), en alusión a la marca de calzado que popularizó Jordan en todo el mundo, “Air Jordan” (un neologismo aventurado en español diría “Su alteza aérea”). Vemos concentrado en este término la aspiración ferviente de construir una imagen de Michael Jordan que sea todo para todos, a la vez secular y sagrada, moderna y anacrónica, publicitaria y culta.

6.-500 horas de grabaciones sobre la temporada final de los Bulls reposaron, hasta hace poco, más de 20 años, en el repositorio digital de la NBA puesto que su utilización en la forma de un documento público requería del visto bueno final del mismo Jordan. Dos acontecimientos parecen haber servido de gatillo para que el proyecto TLD pudiera arrancar: el primero de ellos, la muerte del administrador del equipo Chicago Bulls, Jerry Krause (el ostensible villano de la película), el segundo la consecución por parte de LeBron James (el ostensible mejor jugador de baloncesto del mundo hoy por hoy) de su tercer campeonato NBA junto con la autoproclama de ser, él mismo, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.


Héroes, historias

Digámoslo de una vez: con el paso del tiempo y por medio de sus extraordinarios dotes físicos y de personalidad Michael Jordan se convirtió en símbolo del capitalismo corporativo multinacional y del poder cultural de los EEUU hacia finales del siglo XX. Seamos claros: no se trata de asignar una intencionalidad maligna a este hombre-ícono, simplemente constatamos la confluencia de intereses entre un empresario no solo hábil sino oportuno (el propio Jordan) (7) y una nueva fase de desarrollo del capitalismo mundial, el llamado capitalismo tardío y la “sociedad del conocimiento”. 

Las corporaciones multinacionales no son algo nuevo, aparecen durante el transcurso del siglo XIX  de distintas formas en el mundo industrializado, lo que diferencia a las corporaciones de fines del siglo XX con las del pasado son cinco  elementos. Primero, las corporaciones de 1890 en adelante utilizaban, en su abrumadora mayoría, mano de  obra nacional que generaba el bulto de su producción. En EEUU, hacia 1980, el 80% de los ingresos de las corporaciones se generaba en ultramar y menos del 20% de esos ingresos eran el resultado de la exportación de sus productos. Segundo, mientras que hacia fines del XIX, el comercio de las corporaciones consistía en la compra y venta de recursos naturales (acero, petróleo, bienes industriales), las firmas de fines del XX comercializaban diseños, conocimiento técnico y administrativo e innovaciones organizacionales. La clave era ahora, la trasferencia de conocimiento, la información publicitaria y el control de tecnología nueva (como por ejemplo, la producción del calzado Air Jordan). Tercero: la dependencia creciente de las corporaciones en los mercados internacionales. Cuarto: la dependencia de las corporaciones de campañas publicitarias masivas  para generar demanda entre los consumidores. Una característica de este tipo de publicidad consiste en que no solo se trata de vender un producto (unos zapatos deportivos por ejemplo), sino un estilo de vida (estadounidense) , como el anuncio de Nike Just do it  “Simplemente hazlo”. El anuncio de Nike buscaba ilustrar la libertad que acompañaba su producto, en el caso de los zapatos Jordan, por medio de su logotipo, nada menos que la capacidad de volar por los aires. Por último, y en quinto lugar, puesto que las viejas multinacionales estaban basadas en un solo país, estaban sujetas a la ley del país. Las nuevas trasnacionales  sin embargo, eran tan grandes y ocupaban un espacio tan amplio, que solo parte de sus operaciones podían  someterse a los requerimientos legales  de una determinada nación. De las cien unidades económicas más grandes del mundo ya en 1980, solo la  mitad eran naciones.

En distintos grados, Nike presenta estas cinco características. Y al igual que muchas otras trasnacionales mostró su mayor crecimiento y margen de ganancias entre 1980 y el fin de siglo, precisamente los años de apogeo de la carrera deportiva de Michael Jordan. Son años de proliferación de nuevas tecnologías planetarias, computadoras personales, satélites para la comunicación y cables de fibra óptica. No es asunto menor en estos años la apertura de la economía de China que, para 1995 seguía solo a los EEUU como mercado para captar inversión directa extranjera. Con márgenes de crecimiento del 8% de su economía, el mercado más poblado del mundo empezaba a explotar. 

La tecnología de transmisión satelital, precisamente en los  años 80, cuando Jordan iniciaba su carrera profesional, logró romper las regulaciones televisivas del mundo entero, tanto en el sistema privado estadounidense, como, más tarde, en el sistema público europeo. La televisión comercial saltó los límites territoriales y se instaló, mediante una agenda de venta de propaganda, cada vez en más lugares. Para los años 1990 se podían ver partidos de la NBA en noventa y tres países, el Ecuador entre ellos (8). Esta es la era de nacimiento de los grandes conglomerados de información televisiva, CNN uno de ellos, y de los magnates de la televisión por cable (Turner, Murdoch).


7.- Y al decir Jordan y su olfato, aludo también a la confluencia de personajes visionarios que escoltan  al joven e inexperto deportista a la apoteosis  de la publicidad planetaria: su agente David Falk, el mismo Phil Knight, fundador de Nike, el joven director de cine afro estadounidense Spike Lee, entre muchos otros.

8.-Estas primeras escaramuzas en el baloncesto estadounidense estuvieron a cargo, en el Ecuador, de Teleamazonas en la voz de Ramiro Escalante, exjugador del Mejía, de LDU, y luego un importante entrenador a nivel local.


Michael Jordan se convirtió, para esta era de expansión de mercados, en una celebridad internacional, representativa de la nueva época y en un vendedor de sueños. Sus contratos con McDonalds, Nike, Cheerios, Hanes, Chevrolet, Coca Cola y Gatorade le significaron una enorme fortuna. En 1992, Jordan generó $25 millones, de esos, solo $3.8 millones en salario de su club. Como se observa, la globalización económica venía de la mano de la “americanización” cultural, la NBA, el personaje animado Bugs Bunny y otros productos asociados con Jordan conquistaron el mercado estadounidense y luego las culturas de masa en Europa, Asia y América Latina, ahora accesibles por medio de la televisión en cable o satelital. Uno de los grandes novelistas del siglo XX, F. Scott Fitzgerald escribía en los años 1930, “La cultura sigue a la plata y así (los estadounidenses) se convertirán en los romanos de la generación venidera”. Michael Jordan representa así un movimiento que no solo amenazaba destronar a sus competidores deportivos de épocas previas sino que ponía en riesgo la continuidad cultural de los países del mundo entero. 

No perdamos de vista, con relación a TLD, de que se trata de un documental hecho a la medida de su protagonista. TLD  constituye un mecanismo de difusión de la perspectiva de Michael Jordan. Debido a ello, apenas accedemos a las críticas que se levantan en su contra. Cuando estas se presentan, en la forma del acoso incesante de la prensa a Jordan, figura célebre, invariablemente quedan descalificadas como excesos o crueldades. No existe, por ejemplo, una valoración objetiva de su incursión en las ligas menores del béisbol profesional. Apenas escuchamos la opinión de su entrenador (elogiosa),mientras que no se escucha la voz ni se ve la imagen de sus compañeros de equipo, o de sus rivales. En cuanto a la calidad de informantes, escuchamos un desfile de opiniones, de parte de sus compañeros de equipo en el baloncesto, y de sus rivales,  que repiten, con variantes, la misma observación dicotómica: Jordan era un desalmado competidor, con propios y extraños, pero todos sus desaires y pequeñeces (de los que el documental hace alarde) se dirimen y justifican porque era un ganador. La verdad que Jordan quiere difundir, sobre todas las cosas es esa: el maquiavélico aserto de que el fin justifica los medios. 

Es por eso que el documental no reporta sobre los tristes y previsibles resultados de la promoción de esta visión de la Victoria (el nombre romano de Nike): la explotación  inmisericorde de miles de obreros de Nike en fábricas de producción de calzado  en el sudeste asiático. Fábricas en las que se producía un par de zapatos por menos de 10$ y que se vendían en los mercados del mundo por más de $100. De la mano de esto se presenta el fenómeno, en los mismos años 90, de jóvenes provenientes de la pobreza que roban, chantajean y hasta asesinan (en los barrios marginales del planeta entero)  por la inescapable marca cultural de prestigio de esa era: un par de Air Jordans. El documental sí aborda el engorroso suceso de la campaña política de un aspirante demócrata afro-estadounidense, proveniente del estado de origen de Jordan, que enfrenta a nada menos que a un senador republicano  que fue el máximo director del Ku Kux Klan (Jessee Helms) en un proceso electoral. Harvey Gantt, pide el apoyo de Jordan, y este lo niega. El documental, que se aproxima en este momento más que en cualquier otro a un spot  publicitario pagado, baila alrededor de la temática y traza una firme línea divisoria entre deporte-comercio  y responsabilidad social.

La historia de Michael Jordan, como cualquier otra, en TLD se desgrana en la historia personal del ícono (9), que, en apariencia sin saberlo, pone su visión del mundo al servicio de una agenda global de olvido activo y consumismo. Por eso es paradójico que TLD  aspire a recuperar la historia (la que MJ aprueba) de las garras de  la misma cultura amnésica que Jordan promueve(10). Por otro lado, si el documental tiene una piedra de toque, esta consiste en la legendaria pica que Jordan inyecta, o inventa, para incentivar su energía. El documental se convierte en un inventario de vendettas en contra del mínimo (o imaginado) desaire   en contra de Jordan. Nadie queda libre de ello, ni sus compañeros de equipo, ni sus familiares  (sus hermanos en particular), ni la prensa y mucho menos sus rivales. Resulta asombroso escuchar testimonios de actos de venganza (en la cancha de juego) articulados en la forma de sucesos venerables. El culto a Jordan pasa, así, por la apreciación de su crueldad, su violencia y mezquindad (11), todos ellos atributos valorados por el documental y presentes como inevitable sustrato en  su imagen. 

El aislamiento voluntario contemporáneo que muchos experimentamos debido al Covid-19 se presenta en Jordan de dos maneras. En primer lugar debido a su fama colosal; la fama es una prisión palpable a lo largo de TLD, pero también se percibe su aislamiento actual bajo la forma de los testimonios de sus contemporáneos. “No podía ser amable” dice en un momento B.J. Armstrong, uno de sus compañeros de equipo, “tenía que ganar”. Los testigos de TLD son todas figuras conocidas del baloncesto profesional de los años 90 y periodistas que cubrieron esa era; por fuera de ellos, los testigos recurrentes del documental, los ostensibles “amigos” de Michael Jordan son sus empleados: sus guardaespaldas, su entrenador personal, su chofer. Que estas personas no tengan más que elogios que proferir hacia Jordan, y que sean  ellos sobre quienes descansa la credibilidad de su  narrativa es decidor.


9.-Una de las lecciones más importantes del feminismo de la segunda ola, y del movimiento estudiantil de finales de los años 60 del siglo pasado en occidente es “lo personal es político” o, alternativamente, “lo privado es político”. Cuando Jordan insiste, una y otra vez a lo largo del documental, en que “esto ya es personal”, imagina un escenario político primitivo: el del enfrentamiento violento de machos en el campo de batalla. Un aspecto del atractivo global de Jordan, pocas veces contemplado, consiste así en su invitación a formar parte de un mundo cívico gobernado por la  testosterona.

10.-Resulta interesante la utilización de la filosofía budista Zen, de parte  del entrenador Phil Jackson, inicialmente ridiculizada y descalificada por Jordan y luego  elogiada  por él , para defender su propio proyecto de una vida exclusivamente orientada hacia el éxito deportivo  (e intolerante con lo demás).  Esta aplicación del budismo hacia el cultivo del yo, por otro lado, constituye una interpretación poco ortodoxa de una doctrina  fundamentalmente interesada en la disolución del yo, no en su promoción.

11.-Esto se puede apreciar, en toda su macabra gloria, en el discurso de aceptación a su incorporación al salón de la fama del baloncesto de los E.E.U.U. El discurso es consultable en Youtube y consiste de un largo inventario de los desaires sufridos en el deporte, desde su infancia hasta su último juego,  para luego enrostrar a sus críticos  (a quienes agradeció cínicamente) con su trayectoria. 


Héroe posmoderno

Aunque seguramente el peso mayor de TLD descansa sobre aquello que los años noventa hicieron todo lo posible por posicionar: la idea de Jordan como héroe. 

–“Es un verdadero héroe”—dice Phil Jackson, el entrenador de MJ, “hizo todo lo que se requería de él”, en el último segmento del documental, una vez que los Chicago Bulls han alcanzado el bi-tricampeonato.

El fin de siglo pasado, mediante el giro global que aquí apenas hemos esbozado (el de la estadounización cultural, el de la expansión global de la economía de mercado) produjo una revaloración del concepto del héroe, inicialmente vinculado a la proeza  guerrera, pero también, indisolublemente, a la redención social. En Jordan vemos el despegue de una noción heroica clásica fusionada con los valores estadounidenses de individualismo y autosuficiencia y totalmente jugada con la  neutralidad política. Es decir, la imagen de Jordan estuvo cuidadosamente creada para no alienar a comprador alguno. 

El heroísmo de Jordan constituye así una forma social nueva, o tal vez sea más justo decir que en la cultura global en ciernes en los años 90, nada ilustra mejor el modelo aspiracional de un mundo sometido a las leyes del mercado que la imagen de un hombre que se desprende de la mismísima ley de la gravedad. En Jordan observamos al atleta perfecto unido al vendedor perfecto, ambas figuras enfocadas exclusivamente en destruir a sus rivales, no en ganar precisamente, sino en derrotar.


 12.-Algo que en el caso ecuatoriano, también logró el club de fútbol El Nacional. El vínculo entre los gobiernos militares y su poder en los años de Gloria del equipo nacionalista  y los resultados demostrados en el campeonato nacional ecuatoriano es comparable con la ley “no escrita” que instituyó el comisionado de la NBA  David Stern, en su propia liga una vez que entendió que el peso  gravitacional y planetario de Jordan era la palanca para posicionar al baloncesto profesional gobernado por los EEUU en el mundo entero. Esto no es decir que los grandes jugadores ecuatorianos que militaron en esa era, o el mismo Jordan, dependieron del poder para alcanzar sus logros, aunque sí es anotar que es una pregunta válida. Confrontar por ejemplo los resultados del club Emelec en el fútbol ecuatoriano reciente con el poder de su máximo seguidor, Rafael Correa. ¿Coincidencia? 

13.-Donde el movimiento libre de personas, bienes, capitales e ideas, teóricamente, debía darse de forma plena. Mentira: solo se liberó al capital y a las mercancías, las personas  siguen presas de las fronteras políticas, al igual que las ideas, sometidas a un régimen restrictivo de propiedad intelectual.

14.-Difícil tarea para un sujeto afro estadounidense, dentro de una sociedad clivada por el prejuicio racial. Uno de los aspectos interesantes de la construcción de la “marca” Jordan consistió en su “blanqueamiento”; es decir, su capacidad de atraer  a consumidores blancos mediante la presentación de un exterior (incluyendo su uso de la palabra, un  idiolecto anglo caucásico que se observa en el documental que Jordan abandona a conveniencia) conservador, cortés y siempre sonriente. De hecho, los aspectos culturales afros de Jordan, desde su incorporación al profesionalismo, poco a poco fueron desapareciendo (primero, las cadenas de oro, después, su promiscuidad  sexual, aunque mejor sería decir que se mantuvieron fuera de cámara)


Dicho todo esto, podemos libremente reconocer los dotes físicos y mentales sobrenaturales de Jordan como jugador de básquet. Al margen del mandato de TLD de reivindicar a MJ históricamente como ser humano (que yo, al menos, optópor desobedecer) encontramos en las imágenes sublimes de su  destreza un lugar para el  goce y la admiración. Imagino audiencias compuestas de millones observando el documental, haciendo a un lado los discursos bizantinos de cabezas parlantes en una lengua  ajena para celebrar y maravillarse de la destreza, de la habilidad, de la magia, de  cuerpos girando por los aires y la tierra, transportados por la actividad del juego en que  participamos de forma vicaria. Porque TLD muestra algo distinto a lo que dice: en contra del discurso vengativo y monomaníaco que despliega MJ, y que el documental quiere ratificar (la única forma de ganar es destruyendo) (15) podemos ver, con nuestros propios ojos, el inconfundible derramamiento de belleza y creatividad  colectiva que fueron los Chicago Bulls, junto con el cuidadoso y delicado trabajo de autoafirmación y repliegue que es el juego de MJ. Precisamente en el momento histórico de la construcción de burocracias globales, que generan burocracias locales cada vez más absorbentes y que por ende, trasforman el trabajo pagado (para quienes no fueron desahuciados por la globalización) en suplicio (tanto a nivel público como privado), las telecomunicaciones planetarias ofrecen el consuelo de Jordan. El ocio se reduce, el consumo televisivo aumenta, las tradiciones locales, incluido el deporte local, sufren en comparación con las batallas épicas de un deportista que surge una vez cada generación. Y quienes pudimos verlo, y lo volvemos a ver ahora, pese a estar vestido de sus pobrezas, entendemos la importancia capital en nuestras vidas del juego. En la cancha, Jordan es un supremo creador, seguramente lo más notable de su juego  sea su capacidad suprema para la invención. Y ver un sujeto tan creativo, tan libre, apasionado y vital nos permite leer el documental de otra manera. ¿Dónde están esas fuerzas en nuestras vidas? ¿Cuándo perdimos la capacidad de asombro ante la creatividad propia y ajena? 

Con contadas excepciones (16)  en América Latina, el espectáculo televisivo de  la NBA significó el fin del desarrollo de estilos de baloncesto local. Un deporte que en el Ecuador una vez se constituyó en una práctica, y una actividad masiva, con una historia y trayectoria casi centenaria, decayó drásticamente a partir de la descapitalización de la imaginación local. Hacia la década de 1970, los estilos de baloncesto ecuatoriano se desglosaban por provincia, cada región ostentaba movimientos y formas creativas propias, los campeonatos nacionales ofrecían la oportunidad para hacer descubrimientos y aprendizajes nuevos.

Con el cambio de siglo, la mayor parte de ese conocimiento local se esfumó, en nombre del aprendizaje “técnico” que la globalización deportiva impuso. Primero surgieron miles, luego millones de imitadores de Jordan y de otras estrellas de la liga profesional estadounidense. Con el paso del tiempo, lo que pasa por baloncesto local no es otra cosa que un aglomerado de miles de imitadores de un jugador inigualable (17).

La verdad es que nos encontramos huérfanos de héroes, la explosión cinematográfica del género del superhéroe en las últimas décadas da testimonio de aquello a nivel global. La pugna ideológica de nuestros tiempos, junto con la fragmentación mediática y la inercia política  bloquea los consensos. Las redes sociales, adicionalmente se encargan de descalificar a cualquier postulante. ¿Quién es hoy en día, indiscutiblemente, un  héroe? TLD parecería  culpar a los medios de haber privado a MJ de esa condición, y hace lo posible por restituir lo que se percibe como honor mancillado, dominio perdido. Y eso es, en efecto, lo sucedido. Una de las lecturas de TLD  que intriga es la de pensar en los Chicago Bulls como un colectivo político, ¿Fue una tiranía sostenida por MJ y ratificada por Jackson? ¿hubo participación de los “trabajadores”, léase, los jugadores secundarios? ¿en qué medida? Y, en medio de todo esto, ¿cómo podemos pensar en la actividad producida por este legendario equipo? ¿fue trabajo o placer, o una combinación de ambos?

El documental opera bajo una dicotomía, ¿cómo es que derivamos tanto placer de observar a individuos que dicen estar matándose de tanto trabajo que soportan? ¿Se trata de un instinto masoquista de nuestra parte, o es que, posiblemente, observamos un horizonte utópico en el juego, un trabajo duro, pero enriquecedor, sacrificado, pero finalmente placentero? El atractivo de TLD en tiempos de Coronavirus consiste precisamente en nuestra posibilidad de leer este documento en condiciones casi de laboratorio, divorciadas de las expectativas y trabas convencionales del mundo económico y social en que vivimos. La situación es análoga a la de uno de los libros más interesantes del renacimiento italiano, El Decameron de Bocaccio,  escrito en el siglo XIV, durante el  momento de la muerte negra y que consiste en la transcripción de 100 historias, narradas por 10 peregrinos que buscan refugio y distancia de Florencia, donde la plaga campea y destruye.  El Decameron (literalmente “diez días”) sirve así como un tiempo y un lugar para hacer inventario y rendir cuentas sobre la precariedad de la vida circundante. Cada historia así adquiere un sentido  extraordinariamente sugestivo e ilustra a la vez, el giro decisivo que adopta la cultura florentina, envalentonada por la capacidad de supervivencia de sus habitantes y dispuesta a criticar los valores predominantes de honorabilidad y devoción religiosa de su tiempo.

De manera similar, TLD nos ofrece la oportunidad de hacer inventario, de preguntarnos sobre el sentido de la historia de la última temporada de MJ en los Chicago Bulls. El documental ofrece una respuesta a la pregunta sobre el desmembramiento  de ese equipo al final de la temporada. El dueño del equipo, desembozadamente, señala que no  era financieramente viable mantener el plantel  unido. Y listo, terminado el misterio. Las diez partes del documental rodean el “misterio” de la desaparición de una “dinastía” y el capítulo final entrega una respuesta crasa: el dinero. Pero, y aquí viene la ventana de oportunidad de la que he venido hablando a lo largo de este texto: ¿qué es el dinero?

Los economistas tradicionales, que expresan desconcierto al respecto por lo general lo definen como un medio de intercambio, una unidad contable y una reserva de valor. El dinero es un medio de intercambio en el sentido en que todos acordamos aceptarlo en el transcurso de una transacción. En esencia el dinero es una nota promisoria, la materialización de una promesa hecha a un tercero. ¿En qué consiste esa promesa? Su contenido es esencialmente vacío, no es otra cosa que un compromiso de hacer algo a futuro, algo parecido a lo que hacemos en el presente: buscar mecanismos cada vez más elaborados para  nuestro endeudamiento y el de quienes nos rodean.  El dinero no es una cosa, es un compromiso social que durante un tiempo estuvo sometido  a  acuerdos  políticos, precisamente para evitar su potencial destructivo  sobre la vida humana. Desde la antigüedad hasta hace relativamente poco existían sistemas para la protección de los deudores. En Babilonia y Mesopotamia se implementaba la práctica del jubileo, la cancelación oficial de deudas por parte del gobernante, precisamente para evitar los excesos  de un sistema impersonal dispuesto a esclavizar y destruir a los deudores. En otros momentos de la historia la eliminación periódica de la deuda o la prohibición de la usura cumplieron un  papel similar; de hecho, para el antropólogo David Graeber, el origen histórico de las religiones globales (el judaísmo, el cristianismo, Islam, el budismo) surge precisamente de la mano de la creación del dinero, precisamente para paliar su potencial estrago y capacidad de deshumanización, para recordarnos que existe algo más que el dinero, la  vida plena, la libertad.

En TLD el mismo Michael Jordan señala los límites del pensamiento del dueño de su equipo, que aduce que no tiene dinero para seguir alimentando el sueño de más campeonatos y trofeos. Jordan señala que, tanto él como sus compañeros de equipo, incluido el entrenador, habrían estado dispuestos a renegociar sus contratos, a incursionar en una estructura distinta de contratación. En definitiva, a llegar a un acuerdo distinto sobre el valor  de su trabajo. Es esto lo que el momento presente reclama. Ante la situación cambiante del presente, la modificación del sentido de la nota promisoria, nada menos que una reasignación de valor a aquello que constituye la realidad misma (por medio de un nuevo consenso). Podemos empezar por una cancelación de deudas y seguir después renegociando el sentido del arreglo en que queremos estar. 

TLD es pues, entre muchas otras cosas, un alegato a favor de  revalorar el legado de un  equipo pero también es un mensaje en una botella,  flotando en el mar de un período histórico detenido  y expectante; una  advertencia  ante la fragilidad de la memoria y el interés acumulado y también la sugerencia de que no tenemos que aceptar, colectivamente,  ni el rol  pasivo que se nos ha asignado, ni el flagelo  de un destino incapaz de imaginar una alternativa a la tragedia.

Quito-Covid 19, 2020.


15.-Un corolario perfecto para el anuncio en los años 40 de Shumpeter, cuando describía al capitalismo como un sistema de “destrucción creativa”.

16.-Y Argentina es una de ellas: ahí, el desarrollo local de los deportes colectivos justamente leyó a contrapelo la lección de Jordan: no emularlo como individuo, sino desarrollar un conocimiento táctico y colectivo propio para poder competir a nivel mundial. La lección pegó centro, Argentina apenas una generación más tarde, fue coronado campeón olímpico de baloncesto.

17.-Y eso que esos jugadores no vieron jugar a Jordan, lo que hacen en emular a sus emuladores, el eco del juego de MJ se impregnó como marca de hierro en la retina de las generaciones que le siguieron, que sin saberlo, siguen intentando “be like Mike”. Este no es el caso del baloncesto femenino ecuatoriano, que, significativamente, no perdió la memoria y sigue presentando un modelo de desarrollo deportivo vigente y viable, aunque desprovisto de financiamiento, tal vez debido a que el baloncesto es el único deporte organizado a nivel nacional al que pueden aspirar las mujeres ecuatorianas, con la excepción de una liga de fútbol profesional que da sus primeros pasos.

 

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