En agosto del 2019 visité el Laboratorio Nave Ágora de Buenos Aires, como ganadora de la primera edición de la Beca La BARCA, con el proyecto Cuerpo Antena, que ha seguido evolucionando y ahora es Cuerpx Antenx. Muy atentxs todxs, pronto más información. Acá la reseña de esta experiencia.

Durante los días que estuve en la Nave Ágora, como cuando regreso a visitar a mis padres, tuve la sensación de estar en casa. Siempre estaba acomodándome y despidiéndome rapidamente por tener que partir. Asimismo, los días en la Nave fueron la afirmación de que el labSurlab [1] no ha muerto; todo lo contrario, palpita y está vivo cada vez que de nuevo nos juntamos en algún rincón del planeta. Los reencuentros labsurlabers siempre son poderosos, nunca falta el componente místico. Esta vez yo estaba inaugurando la residencia de Nave Ágora en Buenos Aires. Nave es como un sueño hecho realidad, tiene todo lo que hemos pensado que debe tener un espacio de laboratorio y residencia, y además el acompañamiento cariñoso, sincero y muy profesional de Natalia, Bernardo y Gabriel.

El proyecto Cuerpo Antena con el que visité Nave Ágora hace parte de una investigación más grande que parte de una gran pregunta: “¿Por qué no todos los seres humanos podemos conectarnos de la misma manera con todo el sistema de lo vivo del que hacemos parte?”. Esta pregunta se alimenta de mi vida en Ecuador, en los Andes y de la preocupación por seguridad y la privacidad en internet. Uno de los caminos que más me obsesiona en el gran campo que abarca esta pregunta es la idea de que todos los cuerpos tienen una carga electromagnética -mayor o menor- y por tanto todos los cuerpos emitimos y recibimos señales. Este es el lugar del que parte el proyecto “Cuerpo antena”. Se trata de desarrollar un protocolo de alimentación y meditación que me permita aumentar los niveles de minerales en el cuerpo para potenciar mi campo electromagnético, hackear mi cuerpo para potenciar mi sensibilidad y con esto ampliar la capacidad de mi cuerpo para emitir y recibir señales. Trabajar con plantas y con cristales en un proceso de transformación sutil de la sensibilidad, y tejer una posible relación con un proceso de sanación de aquellas enfermedades que padecemos las mujeres en la contemporaneidad que hacen manifiesto el control del capital sobre nuestros cuerpos.

Antes de llegar a la Nave, durante dos meses, llevé una dieta muy estricta por cuestiones de salud, pero aprovechando el esfuerzo hice algunos ajustes a la dieta para aumentar los niveles de silicio y de otros minerales en mi cuerpo. Explicando brevemente, ésta es una dieta que elimina todos los alimentos procesados, las grasas, las azúcares y los carbohidratos. En cambio, consumo mucha linaza, eneldo, quinoa, piña, tamarindo y otras frutas y plantas. La experiencia más fuerte de esta dieta fue el incremento de la sensibilidad, de la capacidad de sentir los cuerpos y sus emociones, pero también la comprensión profunda de cómo la comida nos transforma y cómo la mayoría de los alimentos que consumimos a diario hace parte de cadenas de explotación de la vida -de la tierra, de plantas, animales y personas. Estos alimentos desconectados de las redes que sostienen la vida han perdido su aura y cuando los consumimos nos alimentamos de esa cadena de explotación y así los cuerpos se hacen más dóciles a todo el sistema de explotación y de control de la vida. Además, nuestra dieta común carece de una variedad de vitaminas y minerales que necesita nuestro cuerpo. ¿Cuántas y cuáles de las enfermedades más comunes de la actualidad podríamos evitar aumentando el consumo de minerales?

La fuente principal de silicio en mi dieta fueron las cápsulas de Pau de Arco. Estas cápsulas están hechas con la corteza de lapachos. Los lapachos son unos árboles con los que he tejido en este tiempo una relación muy especial, en Ibagué (mi ciudad natal) se llaman ocobos y están por todas partes, cada agosto la ciudad se vuelve rosada por sus flores (cierro los ojos y veo las alfombras rosadas que cubren la ciudad, este agosto yo en Buenos Aires y los ocobos floreciendo en Ibagué). Hay dos lapachos en Cuenca con los que tengo una relación muy especial y en este tiempo llegó a mi un poema dedicado a los lapachos que me llena de amor.

Cada cápsula de Pau de Arco contiene 10mg de dióxido de silicio. El silicio es un mineral esencial en el cuerpo humano. Sin embargo existen pocas fuentes de silicio asimilable por nuestro metabolismo, tres de estas fuentes son la corteza de lapacho, la ortiga y la cola de caballo. El silicio fortalece los tejidos conjuntivos, los tejidos que le dan cohesión al cuerpo humano y permiten la comunicación entre los sistemas. De manera similar al cuarzo, el silicio es un elemento cohesionador que mejora la comunicación y la relación. Pensé en el silicio porque es el componente principal de los cuarzos. Los cuarzos no solo tienen una frecuencia estable sino que también almacenan grandes cantidades de información y tienen potentes capacidades de transmisión, por eso son tan importantes en el desarrollo de las telecomunicaciones. Tengo la idea de que necesitamos cambios muy sutiles para transformar nuestras relaciones, las relaciones entre nosotrxs y con todos los otros seres vivos con los que compartimos este planeta y esta galaxia. Creo que hay mucha información del pasado y tecnologías actuales que podríamos usar para esto, para relacionarnos de otro modo, comunicarnos de otro modo.

Los primeros días en Buenos Aires quise visitar dos museos: el Museo de Minerales y el Museo de Telecomunicaciones. Me interesaba conocer el discurso oficial sobre los minerales y las telecomunicaciones, así como descubrir las particularidades de estos discursos en Argentina. Me encontré haciendo una arqueología de museos cerrados, dos paseos fallidos y un mal chiste. El mal chiste es que Google me llevó al lugar donde era antes el Museo de Telecomunicaciones, sitio donde ahora está el Museo del Humor. El Museo de Minerales estaba ubicado en la planta baja del Ministerio de Protección pero ya no está: según me informó el personal del ministerio, no es que ya no exista, es que está empacado. Los museos y los relatos oficiales no escapan a la actual crisis política y social que vive la Argentina. En este mundo de hiper-conectividad, donde reinan las telecomunicaciones por encima de la vida, un tiempo en el que la minería se devora al planeta en nombre del progreso llevándonos a una catástrofe que parece inminente, parece que es mejor no hablar de eso y no pensar ni en las telecomunicaciones ni en los minerales.

Llegué a Nave Ágora después de la primera dieta y algunos experimentos de transmisión de información, una especie de telepatía experimental, así que quise aprovechar mi residencia para diseñar protocolos y dispositivos que me permitieran medir las variaciones de este campo electromagnético en expansión y así poder extraer datos en la próxima dieta. Hice una cocción de cristales de Sal de Rochelle para probar sus propiedades piezoeléctricas, así como también las propiedades piezoeléctricas de los cuarzos y la turmalina. Gracias al acompañamiento del equipo de Nave, trabajé una tarde con Jorge Crow. En esta jornada, comprobamos que los cuarzos y las turmalinas deben tener unas características específicas para que puedan ser usados como transmisores de energía, y con fascinación comprobamos las propiedades piezoeléctricas de los cristales de Sal de Rochelle. En este punto mi investigación ganó dos elementos muy importantes: por una parte, quedó abierto un campo de experimentación plástica con la Sal de Rochelle para desarrollar un dispositivo estético y poético del proyecto Cuerpo Antena; y por otro, hacer mediciones de la resistencia galvánica como una posibilidad para obtener datos de las sutiles variaciones electrónicas que puede tener el cuerpo con la dieta mencionada.

Presentar mi proyecto varias veces me permitió poner a prueba todo el flujo de pensamiento en el que articulo saberes muy diversos para responder a esa gran pregunta original. Las conversaciones con el equipo de Nave, así como la presentación en el laboratorio y el desarrollo del taller Futurotopías Trans-Andinas, me permitieron identificar las fortalezas y debilidades del trabajo que estoy haciendo. Del taller salió la posibilidad de visitar a un grupo de profesores de la Carrera de Artes Electrónicas de la Universidad Tres de Febrero, otro encuentro importante, no solo por la cantidad de amigxs que tenemos en común que nos permitió construir un espacio de complicidad sino por la tranquilidad que produce saber que hay más gente pensando futuros posibles, otros futuros más allá de las distopías en donde las tecnologías dejan de ser diosas y se sublevan para hacer posible la construcción de otro tipo de relaciones. Un futuro no catastrófico, aunque sí un poco apocalíptico.

Nota final
Buscando cuarzos en Buenos Aires para probar sus propiedades piezoeléctricas, compré un cuarzo muy bello, con la intención de estresarlo y tener señales de él, pero no pasó nada. Sin embargo, una semana después de mi estadía en Buenos Aires, investigando sobre los cuarzos archivadores y los cuarzos transmisores, descubrí que este cuarzo que había comprado era un cuarzo transmisor. Por un momento, pensé y sentí que la residencia en Nave Ágora, así como el reencuentro con un amor, solo habían sido una excusa para encontrarme con este cuarzo. Ahora “Cuerpo antena” tiene un nuevo componente: conocer las propiedades de este cuarzo transmisor. A partir de ahora somos dos en esta investigación: mi cuarzo transmisor y yo; yo con un nuevo cuerpo, un cuerpo más sensible al que le está costando la existencia más de lo normal, en un tiempo muy oscuro en el que la vida titila intensamente y de bella manera en medio de una oscuridad abismal.

Septiembre de 2019


[1] labSurlab (lSl) fue un encuentro que tuvo dos ediciones, un escenario de confluencia, diálogo, creación y producción de conocimiento entre iniciativas y proyectos, que en ese momento se estaban gestando en torno a la cultura libre, el arte, la ciencia, la tecnología, el software libre y las comunidades, entre instituciones y colectivos independientes, con el fin de tejer una red de redes en Latinoamérica y conectada con el mundo. El primer encuentro fue en el Museo de Arte Moderno de Medellín en el 2011. El segundo encuentro fue en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC), en el 2012. Yo trabajé en la coordinación del labSurlab 2012, Natalia y Bernardo nos compartieron la experiencia del Centro de Experimentación e Investigación en Arte Electrónicas de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, CEIArtE. Nunca hubo un tercer encuentro, o en realidad el tercer encuentro nunca ha dejado de suceder.
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