Este texto fue publicado originalmente en la edición 17 de El Otro Cine, periódico producido por el Festival Encuentros del Otro Cine EDOC y editado por Recodo.sx.

Estoy sentada, tomando una cerveza, esperando que sea hora de entrar al lugar donde va a cantar Linn da Quebrada. Estoy sola, no conozco a mucha gente en la ciudad. Hablo un poco con un holandés, y luego con un grupo de chicas que se iba a encontrar con él. Cuando ya es hora, vamos hacia el escenario a esperar. Reconozco que la mayoría de gente es de otros lados, y escucho predominantemente el portugués,qué alivio. Linn da Quebrada sale, con todo su grupo, y la energía cambia inmediatamente. Mientras pasan las canciones la intensidad en los cuerpos al lado mío se vuelve mucho más potente, siento y distingo cómo las pasiones se elevan más en unas personas que en otras. Esto se convierte en un filtro, y quienes se reconocen más presionan para estar cerca del escenario.

Escucho gritos, emociones, y siento también mi propio sudor en mi cuerpo y la energía de mis movimientos. No importa quién se sabe qué letras, importa que por un rato nos acompañamos. Me doy cuenta que no es la misma intensidad que se comparte en cualquier concierto, o viendo a cualquier cantante que admiramos. La fuerza que construye Linn da Quebrada atraviesa nuestrxs cuerpxs porque de pronto, la mayoría, nos reconocemos latinxs en el norte. Nos reconocemos diferentes. Compartimos la ira de las letras, las corporalidades en resistencia, y durante un momento el grito repetido:  ¡ele não! ¡ele não! ¡ele não! ¡ele não!

Pasan unos meses y voy a ver en un cine Bixa Travesty. El ambiente es similar, espero en un café a que empiece la película y siento la misma extrañeza antes de entrar al concierto. Al documental lo construye también una intensidad,una energía que se concentra en Linn da Quebrada. Pero esta vez es distinto, ellx no está en persona pero siento otro tipo de cercanía. La veo con sus personas. La veo en su intimidad. La veo en sus espacios.

Y así, con esos momentos de ternura encuentro otra manera de estar en colectivo, otra manera de compartir. El documental está atrás del escenario, son las fuerzas que se juntan en el show del concierto. Me conmuevo por esa idea de compartirse desde el enojo pero también desde los cuidados. La política de Linn da Quebrada, y de todo el grupo del que se rodea, se me muestra más claro. Está en acompañarse, en reírse, en los cariños, y en seguir encontrando maneras diferentes de resistir.

Escribo este texto a partir de mis recuerdos, pero mientras me acuerdo no solo regresan a mí las imágenes del show en vivo, y los momentos íntimos del documental. También siento que la experiencia vuelve a mi propio cuerpo, en intensidad de emociones, y en dulzura. Hoy también le acompaño. Hoy vuelvo a estar cerca.

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