Este texto fue realizado a partir de una charla presentada por Bárbara Enríquez sobre diseño de producción en los encuentros de arte público Interactos durante los días del 07 al 11 de noviembre de 2018.

“El Diseñador de Producción tiene que ver el encuadre” comenta Bárbara Enríquez. Quizá entonces, la respuesta a la pregunta sea afirmativa; aunque por supuesto se refiere a que quien posea este cargo durante la filmación de una película debe estar pendiente en todo momento de lo que se va a apreciar en la imagen filmada final y lo que no, para asegurarse de que la labor del equipo del departamento de arte está en correcta función a lo que se registra.

Como muchos otros, Enríquez llegó al cine de forma accidental, cuando una amiga la invitó a que la ayudara con el arte de un cortometraje de titulación universitaria. Y, sin embargo, la lista de producciones en las que ha colaborado, demuestran el recorrido de su trabajo y el gran salto que ha realizado desde esos comienzos. Filmes como Crónicas (2004), , Prometeo deportado (2009),  Los insólitos peces gato (2013), Sin muertos no hay carnaval (2016)  forman parte de sus créditos.  

“Mientras más guiones lees, más aprendes, no te vuelves guionista, pero puedes ser crítica” explica. Mientras habla a su audiencia y les describe las tareas de un desglose, no desaprovecha la oportunidad para aconsejar a los estudiantes de cine presentes en el auditorio: “Escriban buenos guiones, técnicamente y dramáticamente bien escritos.”  

Ella, sabe que las variables, de los posibles inconvenientes y las opciones para resolverlos, presentes en el ejercicio de la realización fílmica son numerosas, y por ello indica: “Nada de lo que les digo es una fórmula matemática”. Y a pesar de esto, evidencia la forma en que para ella inevitablemente su trabajo se relaciona con los números, “Hablamos de que somos cineastas, de que contamos historias, pero también somos administradores”. La realidad es que en el cine es muy difícil separar la materialización de una idea, del factor económico, aunque ella revela su compromiso por mantenerse siempre dentro del rigor de las limitaciones: “Nunca me he pasado del presupuesto”.   

Un presupuesto que sin duda fue más holgado durante la realización de su última película. Contando con unos fondos aproximados de 15 millones de dólares, Roma (2018) de Alfonso Cuarón, ganadora del León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, es una de las películas más costosas producidas por México en su historia. En ella, Bárbara Enríquez nuevamente realiza la decoración de los sets bajo el diseño de producción de Eugenio Caballero.

Sin duda, la tarea de llevar a las pantallas las memorias personales de Alfonso Cuarón fue un reto que se volvió aún más complicado al conocer la inclusión de ciertas particularidades durante el proceso de desarrollo, como el hecho de que ningún miembro del equipo, ni de los actores tendrían el guion de la película; de que las escenas se filmarían en continuidad, produciendo un rodaje de 108 días; y que además la cinematografía sería en blanco y negro, con Cuarón fungiendo como su propio director de fotografía. Bárbara Enríquez cuenta cómo la relación con el director llegaba al punto de que él le contara relatos personales de su infancia para explicarle lo que buscaba, y cómo él convenció a su equipo con su teoría de que las películas de época, si son expuestas en color, generan una distracción por sobre la historia contada, debido a su recreación histórica.      

Es ese empeño lo que la lleva a reflexionar sobre el tiempo que un profesional en su rama invierte en la ejecución de de un proyecto, al que se le pueden llegar a dedicar varios meses y hasta un año de trabajo de forma perenne, “Cuando subes al barco, te bajas de muchos barcos, incluyendo el de tu vida”.

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